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Antes yo llevaba la cuenta de los días. Por varios meses, cuando ella entraba a abrir las ventanas para que se colara la luz del sol, yo agregaba una unidad al número del día anterior. Pero he ido perdiendo la cuenta, junto con la esperanza. Ella me saluda con una exquisita sonrisa cafeinada, y yo permanezco inmóvil en mi cama, con una serenidad engañosa.

Serenidad es lo que no tengo. Mi humor es pésimo, ella me lo repite constantemente. Ella, por el contrario, pareciera que tiene buen humor hasta para regalar. Después de la rutina de limpieza, se sienta en el borde de mi cama, con un cariño inapropiado que huele a favoritismo, y me habla amistosamente de cómo el pobre Curry pasó la noche encerrado en el estudio.

"El pobre Curry pasó la noche encerrado en el estudio. Es bastante tonto....o quizás malicioso. Sí, es pura malicia. Quiero decir, pudo haber maullado para despertarme. En lugar de eso, se ensañó con el sillón, la silla de la computadora, las cortinas....Abro la puerta del estudio a las cinco am y es una zona de desastre: un olor sumamente concentrado que da náuseas, y su correspondiente laguna amarilla justo en medio del cuarto; hizo falta un periódico entero para limpiar todo eso. Y ni te hablo de los muebles...hechos jirones, con la felpa por fuera...hasta las cortinas estaban rasgadas de la mitad hacia abajo. Pelos aún volando en el aire, y Curry como si nada, lamiéndose su patita en una esquina. Qué desastre, por Dios, ¡qué desastre! ¿Te imaginas?"

Y quiero gritarle, "¡Sí, me lo imagino! ¡Me lo imagino porque es la misma puta historia que me contás cada puta mañana!". Y mientras tanto, nunca me recupero, aunque ella entra todos los días a prometerme que ya pronto voy a mejorar. Y mira sospechosamente a los lados cuando prepara mis medicinas, como si éstas fueran una poción mágica que alguien quiere robar. Y la felicitan por su entrega desinteresada hacia mí, por dedicarme más horas de las que debe. Y yo, yo ni siquiera puedo hablar para mandarle a la mierda a Curry. No lo conozco, no sé si existe, pero lo detesto como detesto el cloruro de potasio. Y ahí está ella, como siempre, de espaldas a mí, preparando mi inyección de las ocho y treinta, y me dan escalofríos cuando la oigo afirmar dulcemente, "nadie te cuida como yo".

Recuerdo la primera vez que entendí lo que significaba ser un sospechoso.

Casi nunca iba al supermercado, al fin y al cabo un cipote mimado como fui, supone que la comida en su casa crece en la refrigeradora y que la alacena se reabastece sola, pero el supermercado estaba vendiendo una colección de libros de autores de la literatura universal: Cervantes, Shakaspeare, Moliere, Descartes, etc.
Cada semana vendían un nuevo libro, empastado con cubierta dura a la exagerada cantidad de 10 colones. Puntualmente, el día lunes, después de ahorrar de lo que me daban diariamente, iba al super a comprar mi libro. En una de esas idas estaba, cuando de repente sentí esa sensación extraña que alguien te está mirando. Y si, era cierto, un tipo me miraba solo para voltear la cara cuando levante la mirada. Me moví extrañado a otro pasillo a ver cosas que ni iba a comprar y de nuevo me topo con la mirada del mismo tipo que parecía hacer señales a otro tipo igual de siniestro diciéndole que me vigilara, que yo de seguro me traía algo entre manos . Me sentí mal, tanto, que me fui sin comprar el libro y jurando nunca volver a ese lugar, promesa que nunca cumplí, pero que por culpa del incidente, me quede sin el volumen 10 de los 15 que salieron. Del 11 al 15 los compro mi mamá a quien más de una vez le pedí que regresara a comprarlo porque se le había olvidado pasar por el.

Sentirse sospechoso sin ser culpable es quizás unas de las torturas no físicas más peores del mundo. Aun así, algunas personas que conozco lo viven diariamente con sus parejas, tipas celosas que revisan camisas, pantalones, celulares y carteras esperando encontrar el gato que imaginan encerrado listo para quitarles a su hombre. O tipos posesivos que no pueden soportar que ella sonría, salude, mire o viste de alguna manera particular, porque algo se trae entre manos con ese otro a quien sonrió, saludó o miró, porque si se vistió así es porque se lo está bajando o se lo quiere bajar.

Pero, sé muy bien que algunos por confiados y atenidos, los dejaron con la cara de tontos o tontas, preguntándose porque no percibieron las señales, porque no se dieron cuenta.

Conozco, por otra parte, el caso del empresario chino que odiaba/necesitaba a su gerente de operaciones. Lo odiaba, porque cuando este compro vehículo nuevo, lo acuso de traerse algo entre manos, de que había gato encerrado, que si le iba bien era porque le estaba robando de alguna manera que él no había descubierto. Pero, al mismo tiempo no lo despedía, porque era el gerente que mantenía las maquinas funcionando y la fabrica produciendo y cumpliendo metas.

Y de las misma manera, se del caso de la trabajadora a que se le confiaron las llaves y algunas responsabilidades y se aprovecho de ello para robar, primero a gotas y luego descaradamente y sin vergüenza, hasta ser descubierta.

También, reconozco que siento desconfianza, que huelo que “algo está podrido en Dinamarca” cuando leo los despilfarros del gobierno, esas enormes cantidades de dinero prestados no traducidos en cosas tangibles o de beneficio, como esas mega-carreteras medio terminar, con millones gastados en ellas, pero sin uso ni inauguración, el mismo sentimiento que me invade cuando leo sobre las plazas de una institución para pagar asesores que nunca hicieron nada tangible ni productivo, pero que siempre cobraron su cheque.

Pero, pienso también en los dirigentes burócratas, algunos de ellos quizás no tan inteligentes para resolver problemas, pero que efectúan su trabajo engorroso y lleno de papeles con honradez y dignidad.

¿Vale la pena ser confiado o es mejor vivir cuidándonos que el gato encerrado no nos salte cuando menos lo esperemos?

No puedo dar lecciones a nadie, no puedo decirle a otros que hacer, pero si puedo decirles lo que he decidido yo: PREFIERO CONFIAR. Prefiero rodearme de gente con quien pueda construir relaciones de confianza.

Sé que la gente confiada será engañada seguramente, más de alguna vez, justo como me paso a mí con una tipa que me rompió el corazón, pero también sé que es la única manera de vivir bien, de estar en paz, de sentir calma.

El desconfiado no vive, sospecha, no disfruta, sino que duda, no tiene felicidades, tiene temores, no ama, más bien recela. Seguro, nunca será engañado, pero nunca tendrá paz esperando siempre lo peor, y lo que es más grave, nunca transmitirá esa paz a los que le rodeen. Si le quieren sentirán que es su deber calmándolo proclamándoles a los mil vientos que le aman, que le son leales, reclamos que nunca le satisfarán y que a los demás terminaran cansando y agotando. Y los que no le quieren, fingirán, mientras eso les sea ventajoso y necesario.

Prefiero mil veces vivir confiado y tener 500 decepciones, a vivir por siempre desconfiado, quizás nunca ser engañado, pero también nunca ser feliz.

No me gustan los gatos, los odio. A diferencia de los perros, que suelen ser más cálidos, los gatos son demasiado independientes y misteriosos. Pero, siendo sincero, quizás el odio se deba a que yo soy igual. Al menos una vez por semana alguien pregunta: que qué ando haciendo, que qué me he hecho, que en qué vueltas ando. Y no es que mi vida sea interesante, no, para nada. Vivo, respiro, hablo, pienso y escribo. Soy tan único como todo el mundo.
Pero volviendo, creo que es mi dificultad para expresarme y, además, mi facilidad para hablar sin decir nada, lo que llama la atención de la gente.
Recuerdo que, hace como dos años, intenté cambiar eso. Razones, sólo una: que por qué yo nunca le decía nada. Y eso me dolió. Vos sos incógnita, me dijo también un amigo. Y eso me puso a pensar. Así que hice el intento, me lo propuse, razoné bien mis palabras, mis acciones... y nada. Así que no me quedo más remedio que aceptar que así soy yo.
Cosa curiosa es que algunas personas tienden a confiar en mi, me confían sus secretos, sus historias, sus problemas, sus lagrimas. Tal vez le gusta que las escuche. Como es de esperarse, también hay personas que desconfían de mi de entrada, pero son las menos.
Así que, qué no te engañen las apariencias: vivo, respiro, hablo, pienso y escribo. Soy tan único como todo el mundo. Miau.

Pequeños signos, imperceptibles señales; esa tendencia a hacer gestalt, la sensación de un todo: intuición. Un nombre mal dicho, un tono de voz, una caricia negada, una llamada no atendida, esa forma de verse, de mencionar.

Todo se configura al ritmo de las pequeñas frases que vamos dejando caer al vacío entre nosotros, interjecciones con dejos de duda, expresiones faciales sobrehechas, de llamadas aleatorias, preguntas que se deslizan, palabras que se lanzan para provocar daños colaterales.

Todo se reúne en nuestra mente, el todo se hace más que la suma de sus partes. Los hechos encadenados a las imaginaciones, las inseguridades. Se elabora el guión.

El otro que te significa te empieza a hueler a gato encerrado.

Erase una vez un niño que jugaba a meter a los gatitos al microondas y al congelador (donde mientras no abriera, no sabía si estaban vivos o muertos), jugar boliche felino y cosas por el estilo. Es tan jebi, que incluso yo mismo pienso en mí mismo en aquella época, y no puedo evitar caerme mal y despreciarme. Pero por cosas de la vida, todo cambió desde el día en el que gracias a mi bendita ingenuidad, caí víctima, aunque de forma indirecta, de una de esas estúpidas cadenas tan viejas como el Internet mismo.

Hace unos doce años estaba con mi mamá y mi hermano platicando, como toda la vida, de cualquier cosa de la vida. De repente, mientras hablábamos de los gatos y nojequé, mi hermano comienza a comentar de forma dramática sobre cómo había leído en el Internet que había una empresa que se dedicaba a vender gatos metidos en botellas. ¡Botellas, BOTELLAS ñkajsdf!

"Los agarran chiquitos, les ponen pega loca, los meten en botellas y les dan de comer hasta que se hacen gordos y llenan la botella".
¿Puede imaginarse la impresión que tuvo en mí imaginarme a los benditos gatos obesos puestos inmóviles dentro de botellas, sin poder hacer más que mover la boca para comer? ¿Ver fotos? Ni loco. Creo que la imagen de la descripción de mi hermano era más que suficiente como para que yo estuviera seguro de que algo tan terrible era cierto. Después de todo, ¿quién bromea con cosas como esa? ¡Y si lo dicen en el Internet, debe ser verdad!

Durante la semana siguiente, me la pasaba en el colegio imaginándome a los gatos gordos y a sus dueños comprándolos en tiendas, llevándolos a su casa y poniéndolos de centros de mesa para enseñárselos a sus amigos. Y a los gatos moviendo los ojos cuando tenían hambre o frío. Día y noche pasé por un tiempo teniendo esos pensamientos recurrentes (y bastante estresantes, por cierto). Fue algo tan impactante, que incluso años después se me venían flashbacks de esa conversación, sin poder evitar sentir escalofríos y desprecio hacia la gente que hiciera cosas de ese tipo. Gracioso es, que pasé muchos años sin resolver mi duda, hasta que un día se me vino la curiosidad y terminé la duda de una vida gracias a Snopes. Aparte de resolver el estrés de una vida, algo bueno salió de eso: nunca más volví a maltratar a un gato, ni a creerle a ninguna cadena estúpida de internet... ni a mi hermano.

Y todo ahora tiene sentido en la vida. Porque sé que en algún lugar del Interwebz está 4chan y su policía felina lista para detener a cualquier imbécil que se aproveche de los gatos.
Newfags think it's funny to laugh at cats getting beat the fuck up. Oldfags know that cats are sacrosanct, hence CATURDAY and lolcats. Nonetheless, today, oldfags and newfags alike came together for win. And win was achieved. --/b/.

Que no abriera la cajita, me dijiste muy lejanamente, limpiándote las feas gafas de la farmacia.

¿La abro?

¿No la abro?

-Gracias a Dios no era una margarita, me la hubiera comido en la desesperación-.

¿La abro?

¿No la abro?


Te echaste las gotas (deshojé tres margaritas). Desayunaste (cené), dormiste (estudié), el trabajo (la universidad) Te levantaste (me fui a dormir), te llamaron (me ignoraron). Seguiste (seguí).

¿La abro?

¿No la abro?

“Un suceso imposible puede suceder”, me decías probabilísticamente.


¿La abro?

¿No la abro?

“Un suceso posible puede no suceder”, pensé incrédulamente.

¿La abro?

¿No la abro?

Un papel se extravía en el correo, diciendo y no diciendo:
“Querido, maté al gato”

Te ríes (me río).


Junio 2005
***


Prometo no volver a reciclar cuentos viejos.

Cuando dicen "Gato encerrado" me dan ganas de invocar a PETA o bien a Schrödinger, y la superposición... qué voy a hacer siempre he ansiado el don de la ubicuidad. Pinche gato -disculpen el mexicanismo- y su capacidad de estar vivo y muerto a la vez. Cómo lo envidio. Ganarle a la vida y a la muerte, es tan casi como ser inmortal y no haber nacido. Si alguien quiere quedar bien conmigo, me pueden comprar esta camisa, la pedí hace dos años en mi blog, hoy hago uso de mi campo pagado para solicitarla.

Y el video del gato encerrado:

- ....ajaber, vos. Yo digo que a los diputados esos los mandaron a matar.

- Shh, callate, cerote. Dios los tenga en Gloria, si se los llevó, por algo fue.

- Si serás pendejo, maje. Te digo que hay mierdas que no son así por así.

- ¿Cómo así?

- Por ejemplo, mirá ¿Te has fijado en la calle qué revergo de culeros se han soltado? N'omb papá ¿Vos creés que es así nomás? Tanta pipianada nues de choto. Dicen que es un plan, un plan pa que las mujeres dejen de parir como cuyas, 'pa poner eso que le dicen control natal.

- Ma

- Ahuevo, maje

- Pero ¿Eso empezó aquí? ¿Fue Saca el d'eso?

- No, papito. Aquí nos faltan cinco p'al peso, los que inventaron esa mierda son los gringos y ya lleva tiempo, dizque empezó con ese culero que parecía bicha... ¿Cómo es que se llamaba, vos?

- ¿Quién?

- Aquel, vos ¿Me vas a decir que no te acordás?

- Aaaaah, cómo no, aquel. Tu madre, cerote, si no me decís quién es ¿Cómo putas querés que miacuerde?

- Un bicho diojos azules y labios de bicha, pero muñequita parecía el hijuesunana

- Aaah, vos decís el Boy George que le mientan.

- Ese mero. Como ya no van a quedar machos, puej que así ya no va a haber tanto mono chorreado por todos lados.

- Mirá, pero si eso quieren ¿No creés que es más fácil ponerse un gorro?

- Vos tu madre, eso nues diombres, si no se siente igual.


* Plática escuchada en una 101- D hace como dos meses.