Seis páginas tamaño carta de color azul, azul. Bien azul. Todas pegadas unas con otras como fondo. Encima va un trozo de cartulina verde, cortado en forma de cono, con el pico apuntando hacia arriba; hay que pasarle plumón verde para énfasis y dibujarles colochos por toda la superficie. Después hay que pegar trozos de algodón sobre el fondo azul, y no está de más colocar una sobre el pico del cono, que pareza que está envolviéndolo. No es toque artístico, suele ocurrir.
Un día yo me voy. O eso desaparece. Pero te dejo el póster, para que recordés la vista desde abajo.
Hace algunos meses salio lo del grupo de don Ramón, para oponerse al pago de la renta. Creo que sólo el que esta bajo esa situación sabe lo arriesgado que es el asunto, yo no puedo pedirle que no lo haga.
- Poner a trabajar a los presos. Ellos están allí porque tienen una deuda con la sociedad pero se les da de comer y donde vivir, bonita manera de pagar su deuda. Además buena parte de los crímenes se ordenan desde la cárceles.
- Poner gente capaz en los puestos clave. Soy sincero al decir que el director de la PNC me parece más el abuelito de Heydi que uno de los responsables de dirigir la seguridad en nuestro país. Los directores de los penales son otros que... bueno, sin comentario.
- Rotación de los guardia de las cárceles. Es una manera de limitar el contacto.
- Pruebas periódicas de polígrafo a los policías.
*Minutos antes de publicar esta entrada me di cuenta de otra muy interesante y detuve de inmediato la publicación de la presente.Como dije antes, lo que yo propongo aquí son cuestiones vagas. Para algo más concreto por favor lea la entrada de Ligia y la de Virginia.
El descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado. Un accidente con resultados buenos. Ese es el significado del título de este post. Y es el nombre (literal) en español de una película que a mí me encanto desde que la vi. Serendipity.
Aunque entiendo que algunos relacionen la palabra poster con cualquier cromo impreso en papel cuché de su artista, equipo deportivo o banda de música favorito pegado en su cuarto, para mí, esa palabra me hace pensar en las carteleras de las películas que solo suelen verse en las salas de cine.
En Internet aprendí que estas carteleras están disponibles a la venta en varios sitios para cinéfilos. El de la película en cuestión cuesta alrededor de 50 dólares, y eso que no fue un éxito de taquilla, ni tiene actuaciones memorables, es otra “comedia-romántica” más. Pero capto mi atención la frase “de venta” (o “tag line” como suelen llamarlos los gringos) del poster en cuestión: “Destiny ... With A Sense Of Humor.”
Sinceramente no creo en el destino. Pero, si me gusta la idea de los “accidentes afortunados”. Por ese tipo de “serendipias” ó chiripas, tenemos a la penicilina y los post-it. Y me gusta pensar, que fue por un accidente afortunado, lleno de humor, por el que conocí a la persona que ahora comparte mi vida. Y por eso, es que me gusta tanto el poster de Serendipity, porque nos veo reflejados, a ella y a mí, como las dos personas que están juntas allí, al fin, con un sentido de estar donde deben estar, después de transitar por las veredas feas de esta vida con otras gentes desperdiciando el tiempo hasta que una chiripa las une y se quedan felices.
No es casualidad, entonces, que en las primeras platicas mientras nos conocíamos, tras preguntarle cual era su película favorita, ella me dijera: “Serendipity”.
No pondría un póster con tu foto, no. No puedo ponerte en una imagen porque sos un borrón en la vida, un paseo fugaz de noches y mañanas; bastante tengo con aquella pared llena de de fotos recargadas de vacíos, de demasiadas frases que me trascienden con la facilidad de los rayos gamma. No estás hecho para ser visto noche a noche ni para salir de estas cuatro paredes esenciales con tu recuerdo como primera evocación del día. No, tu vocación de héroe se cayó un poquito cada sábado por la tarde, tu mejor perfil se quedó en cada cuneta donde arrastraste tu cara, tus mejores frases se hicieron espuma en los labios de las putas que te dieron la espalda cuando te cagaron a patadas. Sos material de páginas amarillas, de rotulitos de "Se busca" en la página izquierda de la sección de servicios sociales, de cuchicheos de compañeros de abrazo fácil y puñalada trapera inmediata.
Eso. No necesito un póster. No puedo ponerte en mi pared. Vos ya estás demasiado presente. No necesito una gran foto tuya porque a vos te llevo tatuado en los recuerdos y el espejo me recuerda que aún con mis negaciones, nos parecemos demasiado.
Actualmente estoy escribiendo cuatro novelas. Le dedico varias horas a la semana a cada una. Paso un buen tiempo leyendo para tener un sólido soporte teórico y para saber por qué caminos van mis personajes. He escrito otras antes; algunas son de final feliz, otras han quedado inconclusas. Los personajes vienen a mí y yo sólo les ayudo a atravesar su historia, les ayudo a considerar otras alternativas; yo rara vez puedo decirles qué hacer. El final depende de ellos.
Hay algunas novelas escritas sólo en la voz de, por ejemplo, la anti-heroina. Hay otras en las que cada página tiene valoraciones de personajes secundarios pero fundamentales; su padre dijo esto, su madre cree lo otro, la doctora considera pertinente aquello. Y no importa cómo son las cosas si no cómo las perciben. Una vez a la semana yo meto mi pluma de acuerdo a lo que sé, a las vidas de mis personajes, a lo que me han dicho, a las metas que juntos establecimos cuando sólo existía la página en blanco.
Los personajes y yo tenemos una alianza. Sé que nadie conoce mejor a mi personaje que sí mismo. Iniciamos con lentitud, los pilares de una alianza no se construyen en una sola sentada. A veces me desmoraliza porque hay un bache que no deja que la historia fluya; será que no he investigado lo suficiente, será que algo tiene mi personaje que yo no sé. Pero los pasos, aunque cortos, son consistentes. Y aún los malos días sirven para avanzar.
Hoy fue un buen día. Terminé de escribir un capítulo más de dos novelas. Me quedé con un nudo en la garganta porque, aunque faltan muchos capítulos, están todos los ingredientes para un final feliz...si mis personajes y yo hacemos cada uno lo que nos corresponde. Me emocionó ver que una decisión de último minuto, basándome en mi propio criterio, salvó -por el momento- a un personaje que me agarra tímidamente de la mano. Me asombró ver cómo el cúmulo de información de los capítulos anteriores me permitieron pasarle una caja de kleenex a alguien que se jactaba de no llorar. Hay algunos capítulos que, al finalizarlos, me dejan cansada y un poco nerviosa, con estrés encajado entre los hombros. Otros, me dejan nada más que una sonrisa de satisfacción. La mayoría, una mezcla de ambas.
Cada novela podría ser una película, con un guión plagado de emociones, incertidumbres, golpes y triunfos. Como cualquier otra vida. Pero estas historias no son mías para contarlas. Mi voto de confidencialidad no me lo permite, así que me asombro en silencio de la naturaleza humana. Esa es una de las razones por las que me gusta la psicología clínica. Cada expediente que abro, hojeo y al que le agrego páginas, es una historia que estoy ayudando a escribir, una historia de la que tengo el honor de ser responsable, hasta que se cierra el caso.
La profesión más ingrata de todas las profesiones ingratas en el Tercer Mundo es ser motorista de un bus. Mantener el temple y el buen humor mientras se maneja entre el calor y la multitud de las tres de la tarde en un San Salvador con llovizna es una cosa utópica. En esto pienso cuando veo al motorista del bríoso corcel de a veinte centavos la subida gritar a diestra y siniestra mientras presiona el pito del timón sin parar. Eso y "relajalas, maje".
Este es un blog colectivo. Seguramente, si no lee mi blog personal, no sabrá que yo soy una quejumbrosa de primera. O quizás sí lo sabe, pero no sabe qué tanto.
Entonces aquí hay una lista de cosas mías, muy mías que no pidió saber, pero en aras de que me expongo aquí como la que soy, porque de eso se trata esta semana empezaré:
1. Creo en pocas cosas pero creo en muchas. Algo así como el que mucho abarca poco aprieta. No creo que un solo dios que monopolice mis creencias, sino más bien, creo en un poco de todo y no dejo de creer. Creo que el ser humano es muy imperfecto para ser dueño y señor y que todo el universo es superior a él. Y también creo en las corazonadas, en las supersticiones, en el amor al prójimo y un poco en la astrología.
2. Soy esencialmente racional, pero estoy loca. Soy calculadora. Calculo costos y beneficios. Ajá, sí, pinche economista neoliberal, podrían decir. Aunque mis ideales están más bien a la izquierda. Por otro lado, hablo conmigo misma, en voz alta. Canto en momentos inoportunos y "no tengo filtro", me salto muchas convenciones sociales (eufemismo para decir que soy bien salida y digo y hago cosas que no son socialmente aceptables).
3. Soy ególatra, melómana megalómana y sin embargo pareciera que siempre tomo las peores decisiones para mi bienestar. ¿Qué decir? Nada.
4. Soy despistada pero detallista. Se me olvida el día que es. Las horas. Si pasa una mosca me distraigo. Pero en esa manera de distraerme encuentro cosas bien divertidas, aunque me haya perdido el hilo de una conversación. Y entonces me puedo reír. Ajá, y estoy platicando con usted y vi una cosa que me recordó otra que me recordó otra y me da risa. No es personal... es sólo que mi mente como dice U2, se mueve de manera misteriosa.
5. Me veo menor de lo que aparento y suelo aprovecharme de eso.
6. Soy nerd pero ay cómo me gusta la fiesta y el baile. Me divierto estudiando, leyendo poesía, gritando al hablar, haciendo el ridículo y bailando salsa.
7. Soy dulce... mientras no me hagan enojar. Y hacerme enojar es tan variable, que a veces sólo se necesita el aleteo de una mariposa. Soy explosiva y suelo ser hiriente. Bastante.
8. Pienso que los colores combinan con los olores. Sufro porque, en esta pobreza estudiantil, ya no tengo la gama de cremas y perfumes que tenía antes y siento que ando descombinada al vestirme con ciertos colores.
9. Mi familia es lo más importante en mi vida.
Hoy ya sabe demasiado de mí. Pondré algo para rastrear a cada uno de los que haya leído este post, encontrar algo sumamente vergonzoso y chanteajearlo.
Agony can kill
or
agony can sustain life
(Bukowski)
Escribo en cinco blogs. Y posiblemente escriba para un sitio más.
Comenzó todo con Alta Hora de la Noche. Fue el primero, vino en algún momento cuando yo iba a finalizar mi carrera universitaria. Inició como una cosa muy personal y acabó siendo una plataforma para alzar la voz sobre mi país. En algún momento dejó de serme agradable escribir un día sobre un candidato a alcalde que hacía desfiles de circo y al siguiente sobre mis rollos de existencia. Ahí tuvo que desprenderse de mi esa parte y nació Un Tal Self, para hablar solo de mi y de mi mundo más privado. Antes había surgido la dea de escribir desde la psicología, sobre la realidad del país y así nació Psicoloquio, un esfuerzo conjunto con Ligia (quien además postea más que yo allá) y que sigo soñando con hacerlo crecer hasta que se vuelva no solo nuestro. Luego vino Campo Pagado y el reto de hacer algo semana a semana, y de intentar hacer algo diferente a los otros blogs, de intentar poner el acento en lo literario antes que en la opinión o en la vivencia. Y luego llega Hunnapuh y me invita a colaborar cuando pueda, cosa que me halaga y me angustia un poco por lo que representa dicho blog y su repercusión. Así son mis cinco caras bloggeras.
Hace poco me preguntaba alguien porqué escribía en un blog, qué era lo que me mantenía allí. Y le dije que escribir en el blog en algún momento me salvó de la locura, de la muerte. Virginia dijo una vez algo así como que uno escribe para no morir. Mis pequeñas agonías de cuatro años atrás, que hoy puedo ver cuando quiera me recuerdan pequeños momentos de mi vida en que me debatía por dejar todo o seguir luchando. Escribir en ese momento me puso las cosas claras. Yo soy alguien que ordena mejor su pensamiento expresándolo y así lo he venido haciendo. Recibir retroalimentación lo hace más completo, aún cuando no sea siempre correctamente interpretado, aún si recibo una puteada y no un halago.
Cada semana trato de atenderlos todos estos pedazos de mi que voy dejando de manera pública, como si fuera repartiendo pequeños avisos casa por casa. En todos queda un poquito de mi, principalmente porque todos se alimentan de mis pequeñas agonías: mi vida, mi país, mi vocación, mi gusto por las letras, mi compromiso por darle un sentido a la capacidad de poner todo en palabras y líneas.
Con todo y que me guste hacer esto, no es fácil. Es una ingrata labor tener que plantarme vez a vez frente a un cuadro en blanco para poner todo en orden, para hallar la frase exacta, el título correcto, la referencia adecuada o la imagen que encaje. Sin embargo esa pequeña agonía mantiene vivo a una parte de mí que me hace distinto a mucha gente. Una parte de mi que a veces es lo más auténtico que tengo. Y si usted viene y me dice algo al respecto, es como ponerle un par de semillas de tamarindo en la jalea a la minuta.
P.D. Esta semana nos pedían: "Escribamos un post normal, de los que aparecerían en sus blogs. Así no sufren." En alguna parte podía aparecer esto. Digo yo.
No recuerdo en qué grado vi la película, sé que fue para una clase de filosofía. Esa película fue una ruptura en mi vida, por más razones de las que me atrevería a enumerar aquí. Pero como dice Chuck Palahniuk, el autor: antes de la película, hubo un libro*:
"Sólo fue una historia corta. Fue sólo un experimento para matar una tarde lenta en el trabajo. En lugar de llevar a un persona de escena a escena en una historia, debía haber una forma de sólo- cortar, cortar, cortar. Saltar. De escena a escena. Sin perder al lector. De mostrar cada aspecto de una historia pero sólo el núcleo de cada momento. Un momento esencial. Luego otro momento esencial. Luego, otro".Personas que no han visto la película ni leído el libro conocen al menos las dos primeras reglas del Club de la Pelea. Y lo que tiene Palahniuk en sus libros, aparte de hilarante, perturbador y cínico, es que es sumamente certero para hacer frases que te golpean, frases que querés sacar del libro y mandar a enmarcar para ponerlas en la sala de tu casa. Lo que tiene, es que te habla de situaciones curiosas, como tener grasa humana en la refrigeradora, sentarse en la Mano de la Perfección por un segundo, como hacer napalm, parar una quemadura química con saliva, y cómo los primeros jabones están hechos a base de héroes.
Mi primera copia de Fight Club fue robada. Se la presté a quien(es) actualmente funge(n) como Tyler y el Narrador en las páginas de mi marginal vida como Marla, sin que yo atine adónde termina uno y comienza el otro. Le(s) sacaron el libro del bolsón, dentro de su propia casa; me encabronó, pero no tanto. En un país con tanto desdén hacia las letras, qué lujo que alguien aprecie tanto un libro como para robarlo. Espero que de verdad lo aprecie. Bueno, decía, mi primera copia estaba subrayada, que es lo que me hubiera servido aquí.
Pero inexistentes muestras del libro aparte, lo leo porque soy el Narrador en proceso de auto-destrucción. A veces soy una Marla, a veces un Tyler Durden en ciernes. Por lo general, soy el corazón roto de Jack**, su encolerizado conducto biliar, y su inflamada sensación de rechazo. Nunca me han reventado la boca (excepto por la vez que me dieron un pelotazo y encima usaba frenos), pero entiendo. Entiendo muchas cosas. Eso de "no cuentas nada porque el club de la pelea sólo existe en las horas entre las que el club de la pelea comienza y el club de la pelea termina". Eso de conocer a Tyler Durden, de amarlo, de que él se apunte el arma hacia sí mismo, aprete el gatillo y seás vos quien se muere. Eso de alcanzar momentos sublimes en los que "nada se resuelve, pero nada importa". Eso de dejar papeles personales en la fotocopiadora y el escáner de la oficina. Eso de volver sobre mis pasos y preguntarme si yo hice eso.
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"El Club de la Pelea no es sobre ganar o perder peleas...no es sobre verse bien. Hay gritos histéricos en lenguas como en la iglesia, y cuando te despiertas el domingo por la tarde te sientes salvo".
* La portada es la edición que tengo; no he encontrado edición en español, pero honestamente, no la he buscado. El primer fragmento citado es del prólogo, escrito por el mismo Palahniuk; el segundo fragmento es de la historia.
** En el libro es Joe; "I am Joe's broken heart". Dejé Jack porque así lo dicta la cultura pop.
En Persuasión, ansías el reencuentro de Anne y el Capitán Wentworth, separados 8 años atrás por un mal consejo acerca de la desventaja de la relación, y dudas hasta las últimas páginas si el Capitán podrá dejar a un lado su ego herido y tratará de ir tras Anne ahora que ambos están en una mejor posición para estar juntos. Y si Anne será capaz de ser firme y defender su amor.
Bienventurados los imbéciles, porque de ellos es el Reino de la Tierra
...Una fiesta con la mamá de la dueña de la casa, que admira el baile de su hijita, pero la muy estúpida no sabe, no se imagina siquiera lo que hace su distinguida hija cuando está sola con un muchacho, y le gusta de veras. Una fiesta donde los más hipócritas creen estar con Dios, maldita sea, y lo que están es defecándose por poder amacizar a la novia de su amigo... piensan en Dios y se defecan con toda calma mientras piensan en poder quitársela.
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He leído poco, pero he leído mucho. Soy mujer de re-leer libros. ¿Qué títulos reconoce? Son mis favoritos o bien históricos porque no pensaba leer (un caso), que me duelen, que me gustan, que releo. Otros son clásicos, otros nomás porque todos los leen.
(La aplicación quita preposiciones y artículos, así que también tiene que usar un poco su imaginación)
:)
Así que tocó poner todos los libros en mi cama (cosa que me dio cierto orgullo al ver que todas esas columnas de libros que cubrían mi cama ya habían sido leídos por este ser humano) y además, tocó buscar lugar para todos los libros y ordenarlos de modo que fuera improbable que alguna pila de ellos se cayera por sí sola en algún momento de la madrugada, evitándole el trabajo a mi imaginación de hacerse a la idea de que convivía con el fantasma de la librera podrida o algo por el estilo.
Ordenar libros es un asunto particular, porque uno puede elegir algun modo pre establecido (de pequeño a grande, de grande a pequeño, por temáticas, por títulos, por autores, a la vale verga, etc.) Yo los ordené de grande a pequeño, pero hay una serie de libros que dejé encima pese a su tamaño. Hay tres de ellos que están en mi mesa de noche, al alcance de mi mano. Uno de ellos es éste libro de Frankl, un libro que narra su experiencia como psicólogo prisionero en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial. No es un libro de psicología, pero encierra grandes temas que aborda esa ciencia en la que estoy titulado. No es solo un libro testimonial. En todo caso es un testimonio humano que trasciende los hechos y pone en relieve cuestiones grandes como el sentido de la vida, del sufrimiento, de la bondad y la maldad humanas.
¿Porqué ocupa un lugar en mi mesa de noche? Porque hay ocasiones que necesito recordar frases de mi ideario personal a las que se les desvanecen las palabras por las circunstancias que se atraviesan. Yo leo este libro cada tanto, así como vuelvo a Whitman o a Cuentos de Cipotes. Pero me quedo con éste porque anoche lo he leído una vez más, para recordar algo que dice sobre el sufrimiento.
Victor
Cómo tomar una decisión es una decisión en sí misma.
Se decide si hacer o no una lista de pros y de contras.
Se decide si consultar a un amigo o no, y si la respuesta es sí, a quién de todos pedirle consejo.
Se decide si es el mejor momento para tomar esa decisión o no.
Se decide si se espera, y si se espera, hasta cuándo es prudente seguir postergándolo.
Los analíticos deciden si seguir la razón; los perspicaces, si los instintos; y los románticos, si el corazón.
Hasta para actuar como uno u otro se tiene que decidir.
A veces incluso se decide no pensar para decidir.
O se decide ser indeciso. O no. O tal vez sí. O quizás no.
Es cuestión de tomar una decisión a la vez. Que de un sí o un no dependen muchos futuros "si sí" y "si no", y no se puede andar por la vida con trastorno decisivo compulsivo. O tal vez sí. O quizás no.
Por el momento decido darle "Publicar entrada".
Sí. Bien Raquel, superaste una decisión más.
Un viernes uno se encuentra con algo roto en la calle
uno decide recogerlo porque es hermoso
hermoso como una ruina
uno se lo lleva a casa
y ya en la casa cuando es tarde
se deshace en la mano
se vuelve negro
y uno sabe que
se ha roto el cielo.

Todos los días a todas horas tomamos decisiones. Desde el momento que se levanto esta mañana de su cama hasta el momento en el que empezó a leer este blog, tomo decisiones, si bien, no todas conscientes. Pero su ropa, su perfume, peinado y accesorios que lleva (o no lleva) puestos son parte de esas decisiones.
De allí que puede decirse que la mayoría de las decisiones que tomamos en la vida son intranscendentes, son las de rutina. Tortilla o pan, horchata o tamarindo, zapatos negros o cafés.
Pero, hay otras decisiones que representan verdaderas bifurcaciones en el camino de la vida. Cualquier cosa que seleccionemos en ese tipo de decisiones, nos llevara a lugares desconocidos para nuestra alma, mente y pensamientos. Ejemplo de ese tipo son las que tienen que ver a que vamos a dedicarnos, que queremos estudiar, con quien vamos a casarnos o acostarnos, entre otras.
Sin embargo, en este campo parece que algunos son reticentes a seleccionar de una manera clara y contundente. Tienden a dejar pasar el tiempo, esperando quizás que algo les ilumine la mente o el corazón y les indique que hacer. Son personas indecisas. Otras, importunan a otros con insistencia preguntando que harían en su caso, escuchan y toman una decisión inseguras si eso es lo que ellas mismas hubieran decidido o siguen alargando las cosas, preguntando a otro u otra más que harían en su caso.
Cada quien lleva la vida como puede o como quiere, y no pretende ser este post nada que se parezca a Cesar Gúzman o Coehlo. Nada mas pienso que la indecisión no es algo bueno, porque nos hace perder un recurso que si bien imaginamos infinito siempre es escaso, el tiempo. Darle largas a un asunto hace que perdamos el tiempo y se lo hagamos perder a otros, quizás personas a quienes estimemos.
Quien no toma una decisión por miedo a equivocarse o inseguridad si esta haciendo lo mejor, olvida que el siguiente paso después de decidirse es no volver atrás, ni ver para abajo. O sea, no ser la mujer de Lot ni Pedro.
Quien toma una decisión debe estar dispuesto a afrontar las consecuencias positivas o negativas de su acción. Siempre las hay. Algunas veces, las mas, serán positivas, si uno de verdad, se toma el tiempo, no a dejarlo pasar, sino a considerar las opciones con claridad. El consejo de otros siempre es útil, pero no determinantes ni concluyentes para considerar esas opciones. Y a veces, las consecuencias serán negativas o dolorosas. Y claro, habrá tiempo para llorar, condolerse, tener un tiempo de duelo después de un resultado malo, pero también siempre habrá tiempo para levantarse y seguir.
Cuando se toma una decisión mala y se experimentan consecuencias no deseadas, siempre habrá el tiempo para tomar otras decisiones, que corrijan el rumbo y minimicen los resultados malos.
Así que no vacile. Tómese el tiempo para hacer la lista famosa de los “pro y los contras”, háblelo con sus íntimos y allegados y teniendo todo eso conjuntado, tome una decisión y póngase a trabajar lo más duro que pueda para que esa opción tenga éxito olvidando las opciones que antes considero. Si las cosas salen como ud. quería será feliz y habrá ganado inmensas dosis de seguridad y auto-estima. Siempre es bueno quererse uno mismo.



