Hace poco tuve que deshacerme de mi librera. Una de esas libreras gringas hechas de madera de mentira (porque es en realidad aserrin compactado con algún pegamento fuerte y al que se le da forma de tablas y se le recubre con melamina), pero que sirvió durante algún tiempo, pero que no está hecha para durar con estas humedades y casas con goteras.

Así que tocó poner todos los libros en mi cama (cosa que me dio cierto orgullo al ver que todas esas columnas de libros que cubrían mi cama ya habían sido leídos por este ser humano) y además, tocó buscar lugar para todos los libros y ordenarlos de modo que fuera improbable que alguna pila de ellos se cayera por sí sola en algún momento de la madrugada, evitándole el trabajo a mi imaginación de hacerse a la idea de que convivía con el fantasma de la librera podrida o algo por el estilo.

Ordenar libros es un asunto particular, porque uno puede elegir algun modo pre establecido (de pequeño a grande, de grande a pequeño, por temáticas, por títulos, por autores, a la vale verga, etc.) Yo los ordené de grande a pequeño, pero hay una serie de libros que dejé encima pese a su tamaño. Hay tres de ellos que están en mi mesa de noche, al alcance de mi mano. Uno de ellos es éste libro de Frankl, un libro que narra su experiencia como psicólogo prisionero en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial. No es un libro de psicología, pero encierra grandes temas que aborda esa ciencia en la que estoy titulado. No es solo un libro testimonial. En todo caso es un testimonio humano que trasciende los hechos y pone en relieve cuestiones grandes como el sentido de la vida, del sufrimiento, de la bondad y la maldad humanas.

¿Porqué ocupa un lugar en mi mesa de noche? Porque hay ocasiones que necesito recordar frases de mi ideario personal a las que se les desvanecen las palabras por las circunstancias que se atraviesan. Yo leo este libro cada tanto, así como vuelvo a Whitman o a Cuentos de Cipotes. Pero me quedo con éste porque anoche lo he leído una vez más, para recordar algo que dice sobre el sufrimiento.

Victor

2 comentarios:

Gero dijo...

Los libros que tratan de sufrimiento humano vivencial son increíbles. Recuerdo 'Noticia de un secuestro'. Hay cosas ahí que ponen la carne de gallina. Aún ahora, después de casi 8 años de haberlo leído, me conmueve escuchar cosas al respecto, como lo de la reunión del hijo de Escobar con los hijos de las victimas.

iba pasando dijo...

Como todo informático, he leído más bits que páginas hechas de pulpa de árbol. Miles de páginas he leído en formato electrónico desde 1992 que tuve acceso a una computadora (WordStar era el programa rey en procesadores de texto). Todavía existe el debate de mutilar bosques para hacer libros y la destrucción que implican los bits, electricidad y componentes electrónicos que reemplazan los libros.

Sé que no es lo mismo leer un pdf que un libro de verdad, pero no soy tan gustoso y puedo leer cualquiera. Nunca he querido usar lentes porque tendría que ver la realidad tal cual es, prefiero verla borrosa y movida. Tiene más sentido sus imperfecciones.

En fin, el hábito de la lectura te hace menos ignorante a cada letra o cada bit, según sea el caso.