No pondría un póster con tu foto, no. No puedo ponerte en una imagen porque sos un borrón en la vida, un paseo fugaz de noches y mañanas; bastante tengo con aquella pared llena de de fotos recargadas de vacíos, de demasiadas frases que me trascienden con la facilidad de los rayos gamma. No estás hecho para ser visto noche a noche ni para salir de estas cuatro paredes esenciales con tu recuerdo como primera evocación del día. No, tu vocación de héroe se cayó un poquito cada sábado por la tarde, tu mejor perfil se quedó en cada cuneta donde arrastraste tu cara, tus mejores frases se hicieron espuma en los labios de las putas que te dieron la espalda cuando te cagaron a patadas. Sos material de páginas amarillas, de rotulitos de "Se busca" en la página izquierda de la sección de servicios sociales, de cuchicheos de compañeros de abrazo fácil y puñalada trapera inmediata.

Eso. No necesito un póster. No puedo ponerte en mi pared. Vos ya estás demasiado presente. No necesito una gran foto tuya porque a vos te llevo tatuado en los recuerdos y el espejo me recuerda que aún con mis negaciones, nos parecemos demasiado.

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