Me caés bien. Tanto, que me hubiera gustado que estuvieras disponible para acompañarme en mi viaje, compartir el desayuno incluido del hotel e irnos a perder a la ciudad, mientras se llegaba la hora de separarnos. Sí hicimos planes, pero sos como el resto: hicimos planes y los deshiciste a la primera oportunidad que tuviste. Y el tuyo es una copia carbón de un guión anterior: había otro nombre femenino de por medio.

Y a pesar de eso, me caés bien. Te conozco, algo, si no es que mucho. Tengo fotos de vos, en mi casa, en la iglesia, en el viaje. Vos no eras un extraño y tenías toda mi confianza. Por eso fue una sorpresa verte ponerme en la mesa de las apuestas, y aún más ver tu diversión mientras me perdías. Quizás te pareció que yo también lo encontraba divertido y que los años de ser "nosotros" disminuirían el dolor y la decepción. No. Y si no te queda claro, te lo repito: no. Pero eso me hizo conocerte mejor. Y todavía me caés bien. Pero ahora desconfío de vos y por eso te prefiero lejos.

Vos y yo, hasta aquí llegamos. Andate.