Si algo le genera temor a Agustina es salir a la calle, se tiene que cuidar de todo, de los transeúntes que pretenden invadir su espacio personal, de los transportistas que olvidan las señales de transito, de los delincuentes que fingen vender dulces en pleno soleado centro de San Salvador.

Todos los días Agustina se sube al bus y se tiene que cuidar de todos los que le llegan a pedir por no robar, la pobre Agustina desconfía de todos. Sin embargo, ella desconfía mucho más de la gente que se siente a salvo del desconcierto y el descontento que generan los días en un país como este.

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