Escribo desde esta habitación que es a veces azul, a veces verde, a veces oscura (cuando duermo). Me gusta la luz que entra por la ventana y el color que traen las horas. Acá tengo una librera, un escritorio, y hasta un pupitre que no lo ocupo para lo que fue hecho.

La mayoría de las veces está ordenado o eso creo, a veces hay un desorden que me parece hermoso. Hay catástrofes que se ven hermosas, como la de los libros que están a punto de caerse, a penas se sostiene Madame Bovary, o Sabato en el escritor y sus fantasmas.

Tengo, además, la belleza de los objetos que me recuerdan instantes, los cuadernos, la música en discos, esas cosas que se coleccionan. Arriba el cielo falso blanco, abajo el piso gris y cerrar la puerta.



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