Yo digo que la hora de comer más jodida que uno puede experimentar no es ni la última comida que uno tendría antes de ser fusilado, o la última comida en que tu pareja te da veneno en los frijoles molidos con cebolla y yerbabuena. No; tampoco es la hora de la comida importante de trabajo en que todo el mundo te observa feo feo porque no hiciste caso cuando pequeño y hacés un ruido enorme al masticar los grandes pedazos dela pierna de pavo en salsa que te zampás sin mayor decoro y observancia de los buenos modales que te quisieron enseñar justo para cuando fueran estas ocasiones, ni tampoco será la hora en que vas a comer con esa compañera destinada en tus sueños húmedos y secos a ser la-mujer-de-tu-vida y demostrás tu torpeza derramando sobre su impoluto vestido la cocacola cuando te cuenta que anda con el tipo ese que vos desaparecerías del mapa, y mucho menos la comida en que te comentarán del último conocido que falleció del corazón mientras te embutís un jugoso pedazo de lomo de tunco. No, no será esa la hora de comer mas jodida, y no creás que va a ser cuando te toque recoger comida semipodrida de entre los basureros porque necesitás hartar aunque sea mierda para callar la tripa. La peor hora de comer es esta, cuando ves cómo el primer gusano satisfecho sale alegremente por la que solía ser tu oreja izquierda.

3 comentarios:

Bebedores do Gondufo dijo...

Very Good.

Gero dijo...

Creo que es en ese momento cuando caemos en la cuenta, de una vez por todas, que hemos muerto.

Soy Salvadoreño dijo...

Me gusto mucho!