Entré a la habitación y en lo más profundo pude encontrar a Gero. Estaba escribiendo en un libro negro con un café en su mano, sentado frente a un escritorio. Desde la entrada pude divisar algunas cosas distribuidas en la habitación: una mesa, una cama que parecía no haber sido usada en mucho tiempo, una librera y y una mesa con un par de bonsáis. Me acerqué a Gero y pude ver su cara con media barba. A su lado estaba otra cama que también parecía no haber sido ocupada en mucho tiempo y, en una especie de repisa, un rimero de libros. 
Con su mirada parecía estar pidiéndome ayuda: me dio la impresión que había olvidado como comunicarse con otros seres, no necesariamente vivos.
Me acerqué y le dije mi nombre. De inmediato sus ojos se abrieron de par en par. Me preguntó que qué estaba yo haciendo allí. Le dije que estaba soñando y que el azar me había llevado. Le pregunté lo mismo. Su respuesta me provocó la mayor lastima que he podido sentir en mi vida por otro ser: estoy escribiendo la historia. Sentí tanta tristeza en su respuesta que mi vi obligado a sugerirle que se fuera, que fuera feliz en alguna parte. Me dijo que no podía, que en el instante en que dejara de escribir todo acabaría. No le creí. Le dije que me parecía un pretexto barato, una excusa para encubrir su miedo.
Por primera vez sus ojos no mostraron emoción alguna. Con la mano me hizo señas para que me acercara al libro negro y leyera lo que acababa de escribir. Al hacerlo tuve la seguridad de que no estaba en un sueño.
En aquel libro e páginas amarillentas pude leer: 'Entré a la habitación y en lo más profundo pude encontrar a Gero. Estaba escribiendo en un libro negro con un café en su mano...

1 comentarios:

Dafne dijo...

(Y) me gusto mucho :)