Sabes, yo no confío en vos. Voy a ser honesto en esto: no confío. Cada vez que me despida de vos voy a creerte menos lo que me digás antes de irme, cada vez que me veás a los ojos, después de derretirme un poquito la coraza,  voy a sentirme menos seguro de lo que he visto en tu mirada. No sé cómo explicártelo. No te voy a creer los "te quiero", voy a poner en tela de juicio cada vez que me digás que sos mía. Detesto la mutua pertenencia y detesto sentirme en tus manos porque sabré entonces que es momento de irme antes de que salga el sol. Detesto que seás tan linda como para no creerte cierta, que seás tan inteligente como para que al verme a los ojos vas a saber que huyo de vos en cada beso. No confío en vos porque en las mañanas abrís los ojos y te me entregás en la primera mirada, porque cuando exhalás después de un beso me dejás un poquito de tu alma. Desconfío de vos, de tus labios recién pintados, de la piel de tus antebrazos, de la textura de melocotón de tus nalgas recién bañadas. No creo en vos, en tus palabras, no te creo nada cuando siento que te abrazás a mi porque soy el lugar más seguro del mundo, no te creo nada de cuando me tomás de la mano con el orgullo de quien ha encontrado lo que no soñaba encontrar en la vida. Si, no te creo y estoy a tu lado, condenado a desconfiar de vos porque sé que no sos eterna. 


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