Soy una persona bastante enamoradiza, demasiado quizás. Sin embargo, la lista de mujeres que en realidad he querido es muy pequeña, las cuento con los dedos de la mano y me sobran dedos. 
La pregunta obvia si, a cuál he querido más. Y se los diré sin rodeos:  a Bocabarata. Ajá, era una niña con una risa tan fácil, tan sencilla y relaja al mismo tiempo, que fue imposible para mi no quererla. 
Por escucharla reír yo dormía poco o no dormía. Por escucharla reír yo me gastaba las yemas de los dedos en el celular. ¿Qué cómo era su risa para que la haya querido tanto? Como nuestros conceptos de belleza pueden diferir, no digo que era bella. Les puedo decir que era una risa contagiosa, de esas que hacen feliz a cualquiera. ¿Ya han conocido a gente que se pone a contarles un chiste y antes de terminar explotan en carcajada y uno acaba matándose de la risa sin saber exactamente la razón ni el final del chiste? Bueno, así era ella. Hacerla reír era más fácil respirar, como diría cierto señor guatemalteco. 
Que si pasó algo entre nosotros, que si no; que si era mutuo, que si no; ¡que qué onda con ella! Nada de eso importa, sólo que estábamos en la capacidad de hacernos felices mutuamente. Y créanme cuando les digo que hacer feliz a otra persona en un país como este es cosa cercana a lo imposible...
La quise y mucho, más de lo que me había permitido hasta ese momento querer a alguien, más de lo que logré querer después.
La quise y su risa me hacía feliz.

2 comentarios:

Robertux dijo...

"...hacer feliz a otra persona en un país como este es cosa cercana a lo imposible..."

Porque?

dear dijo...

Como dijo alguien por alli "es mejor querer y después perder, que nunca haber querido".