Mi muy extranjero amigo insistía en que lo lleváramos a una cantina, y le informé que aquí lo único que había era bares, vulgares y genéricos. Después de varias semanas de ruegos, él y yo y Otra Persona entramos un viernes a las 8:30 pm a El Garrobo Carnavalero, y una densa nube de humo de cigarro ya saturaba el lugar.

En una esquina lo vi con ella; tan temprano y ya le habían alquilado su alma al diablo, borrachos hasta haber perdido la cabeza. Le expliqué al extranjero con aire aristócrata: "borracho no es suficiente para describir eso. Están reventadísimos; están a verga". "Se han puesto una gran tuza", dijo la Otra Persona.

No envidié la posición en la que se encontraban. De hecho, fueron un gran espectáculo. Le expliqué a mi muy extranjero amigo los antecedentes y las razones de por qué conocía al tipo ebrio de la esquina y a su excéntrica pareja. Él, ya en proceso de conocer eso que le decían estar a verga, me dio una palmadita en la espalda, felicitándome por haberme salvado de ocupar el lugar de la mencionada excéntrica.

Al final nos fuimos del lugar, cuando esta noble dama se percató de mi presencia y asumió que yo era una amenaza para su hombre. Nada más lejano a la realidad, pero ella no estaba precisamente en un nirvana intelectual para que comprendiera que yo no tenía semejantes intenciones. Se paró a tres mesas de donde estábamos y me tiró algunas monedas de un centavo; después se acercaba y se alejaba con un vaso en la mano. Su hombre, quien alguna vez hubiera hecho lo imposible porque nadie en este mundo me pusiera una mano encima, estaba desparramado sobre una mesa, haciendo gala de una inconciencia etílicamente inducida. Y por suerte su media naranja también se desmayó, luego de tomar la sabia decisión de beberse el contenido del vaso en lugar de gastarlo sobre mi humanidad.

Mis amigos y yo salimos en fila india por la puerta trasera del recinto, y yo apenas podía contener una risa particularmente profunda. Mi muy extranjero amigo se deleitó teniendo esta anécdota para contar, pero siempre tiene que haber alguien que le corrija que eso pasó en un bar, no en una cantina.

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