La puerta del bus se abrió frente a mí. Las siete de la mañana, sentarse en el segundo asiento de la fila de la derecha. Los postes de energía eléctrica, los árboles, las casas, comienzan a avanzar. Mi mirada en el cielo algo nublado. Se suben algunos rostros conocidos, es decir, conocidos porque siempre se suben, como yo, a la misma hora. Un par de paradas después se sube mi desconocido favorito, camisa blanca, ojos grises y brillosos, propensos a la tristeza, pienso. Lleva sus audífonos y siempre es lo mismo, siempre lo miro y él me mira y sonreímos por un segundo que parece un minuto. Él se sienta en la fila de la izquierda y puedo sentir su fresco perfume de siete y quince de la mañana. Sigue sonando The Cure en mis audífonos, yo llevo un libro que no comienzo a leer, miro por la ventana y casi es momento de bajarme, hasta mañana, pienso, pero no se lo digo.

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