Nunca he sido demasiado caluriento, palabra que no debe confundirse con calenturiento, que tampoco (creo yo) lo he sido. Desde pequeño, me acostumbraron a dormir con pijamas, de esas de de mangas largas tanto en la camisa como en el pantalon. Y cobertor incluido. En invierno o en verano. En mi cama solo y en un cuarto solo para mi.

Hasta que me case.

Compramos (o nos endeudamos) con una casita en un lugar caliente. Y mas caliente en los meses de marzo a septiembre. Tan calientes, que se despierta uno con temperaturas de 30 grados en la mañana. Un sauna. Se baña uno y se sale de la ducha sudando a chorros. Encerrarse en un cuarto por unos pocos minutos equivale a meterse en un horno.

Y fue cuando descubri que el cuerpo humano es tan caliente como un bombillo. Asi, de dormir solo en un lugar fresco me encontre durmiendo en compañia y con calor. Descubri entonces que se puede dormir sin pijamas ganando algunos ventajas, pero definitivamente pagando un costo: los zancudos y la incomodidad.

El ventilador era compañía obligatoria, pero no ayuda mucho un aparato que solo revuelve el aire y lo tira a la temperatura a la que este. Aparte que deja una mocosera y un tapon en la nariz, causado creo yo, por el polvo y los acaros que vuelan felices.

El remedio: aire acondicionado. Que rico dormir a 22 grados cuando afuera esta a 28 o 30. Puedo de nuevo dormir con pijamas y cobertor y sentirme calentido. Por supuesto, la modernidad tiene sus costos, la factura del distribuidor de energía ha subido a las nubes.

Decia alguien que la vida es feliz en los tropicos. Es posible, ha de ser infernal dormir, vivir y trabajar en lugares donde la temperatura del dia puede ser a 10 grados bajo el punto de congelacion en invierno. Pero esa clase de infierno es el que deseo yo, algunas veces, algunos dias y noches de marzo a septiembre.

Que noches mas calurosas.

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