Sale a la calle, el aire y el tibio abril no parecen ayudar, le duele su lado izquierdo, le duele demasiado, tanto que se tambalea. Las horas avanzan y siente el infierno en las suelas de sus zapatos. Él es flaco, moreno y alto. Siempre ha llevado una especie de calor adentro, siempre ha destilado miel a las horas de mediodía en que siente todo lejano. Tiene diez años sin ella y el calor que hace a mediodía no se compara con el que lleva por dentro, porque a ella la lleva por dentro, la tiene en la sangre. Él sigue caminando por las calles áridas en medio del vapor del día, se sienta en una esquina y extiende la mano.


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