Marzo es un mes rancio para Sonia. En marzo todo es un poco más detestable: él apesta a cualquiera, la gente en el microbus hiede más que nunca, el pescado seco le da náuseas, y el camión de la basura parece pasar más lento por la calle, dejando esa remezcla espantosa de las pestilencias de cada familia de esa colonia que se extiende como espinazo de pescado hasta el cementerio y más allá. Sonia detesta marzo y detesta sus chiches* tanto como a marzo, de manera que no sabe si pondría a uno o a otro en la cúspide de las cosas que detesta con mayor fervor, si es que puede sentirse fervor al detestar algo que no sea un equipo de fútbol o una creencia. Marzo y abril - que es marzo por extensión o por semejanza - traen a casa y al camino no solo los hedores, si no el ambiente creciente de desesperación, directamente proporcional a la temperatura que marca el termómetro. Quienes asocian el calor tropical con baile y buen humor no han estado en esas casas de lámina a las dos de la tarde de un domingo de cuaresma, ni han caminado desde el por toda la calle principal de la colonia adyacente desde el cementerio hasta el más allá una hora después que ha pasado el camión de la basura, ni han tenido que subirse a un bus para ir a trabajar cuando todo el mundo regresa a casa del trabajo. Si puede detestarse algo es tener la sangre caliente y vivir en una ciudad caliente, en un país caliente y tener que transitar hacia el trabajo con la ropa que te obliga a mostrar lo que detestás porque te atrae toda clase de calenturas que no deseás, porque te hace oír cosas que te dan asco y hace que se te acerquen de más hombres que huelen a sudor rancio y a la podredumbre de sus mentes y sus almas. Y detestás que tu hombre, el especial, te vea con una lujuria que podría ser la de cualquiera en la calle y que en tu casa el domingo en la tarde el espacio entre la cocina y la pila te recuerde al pasillo del microbús, porque él se te acerca por detrás y suena en la radio una cumbia cualquiera y él apesta, apesta. Marzo apenas lleva veinte días y mañana a esta hora Sonia querrá cortarse las chiches o las venas, mientras intenta sofocar el infierno con una huacalada de agua.



*pechos, senos



[A partir de ahora, su servidor va a abrir la semana en Campo Pagado con el post de los domingos y Soy Salvadoreño pasa a postear los miércoles, nomás por si se preguntaba qué hago por acá este día]

1 comentarios:

Genius dijo...

Sí, esa pequeña sucursal del infierno -marzo- si ha hecho estragos... vaya mes, vaya calor, que más infierno pues...

:)