Hay una lágrima que no sabías que tenías. Que sale con un trago. Con varios tragos. Y cuando menos sentiste, ahí está.

La tristeza esa que sale con el alcohol y nadie sabía.

Menos el llorante.

Que suspira.

Llorante que alza la copa y entonces llora más.

Y hay un momento en el que pensás que la cantina es cercana a un templo: salvación, confesionario y hermanos.

Y entonces, como la sangre y cuerpo de cristo: bebida y botana en mano, decides que hay que seguir yendo, hasta en las fiestas de guardar.


Salut por el llanto.

Salut.






Soundtrack de este post:





Reflexión de la autora:
En México una cantina es una cantina. En El Salvador una Cantina es una idea, porque a las cantinas se les dice bares. Y eso me dejó pensando. No sé qué con exactitud,. pero sí sé que sobre las deficiencias lingüísticas y semánticas de las palabras que usamos.

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