Yo no sé cómo hace o cómo hizo la gente a la que le resulta fácil socializar, pero yo siempre he tenido la sensación de vivir a la expectativa del día que me rompieran el corazón. De hecho me parece que todo mundo se droga, juega, coge, habla, escribe en búsqueda de aquello que te haga sentir algo, lo que sea. Se priva tanto de humanidad el mundo en el que estamos que una sonrisa chueca nos pone a delirar y a imaginar cosas que no son. Perseguimos eso que no sabemos qué es, pero que sabemos que está... en algún lado. Y para allá vamos.


Estamos tan desesperados por sentir que equivocarse es inevitable.

Las licoreras se enriquecen en gran medida por las decepciones de millones de corazones que descubren el poder sanador del tequila de la manera que lo descubrí yo. Se agolpan de repente los millones de canciones cursis que hablan de ausencias descorazonadoras y de cómo equis no podrá vivir sin ye. Sabiduría popular que aminoriza el dolor con pop fresa, baladas setenteras para detenerse ineludiblemente en las que todo mundo odia, las rancheras y la música de cinquera. Todo por atolondrarse y querer gente inadecuada.

Y termina uno chillando a moco tendido cantando esto:



La gente te ve feo, claro. Pero ah, qué liberador es.

1 comentarios:

iba pasando dijo...

'.una sonrisa chueca nos pone a delirar y a imaginar cosas que no son..' je je..aaaah, como nos emociona una sonrisa chueca.

Pero al encuentro de una relación siempre voy con la armadura puesta, escudo, lanza empaladora y una bola de acero con puntas... por si las dudas.