La madrugada es tu mejor enemiga. Te lanza un mal sueño. Te despertás con la colcha cubriéndote hasta la nariz y tus ojos se mueven hacia todos lados; suena un zancudo, un coro de grillos y a lo lejos tres disparos. La soledad se te hace más profunda que la oscuridad de una noche sin luna. Recordás qué se siente tener durmiendo a tu lado a un hombre que se te hace extraordinario; los pocos que has tenido no fueron tuyos para que te los quedaras.

La madrugada te encuentra vulnerable, con las defensas bajas, casi en catatonia. Te encuentra atascada entre las dolorosas secuelas de ayer y los planes para cuando salga el sol. Es un presente en el que no está pasando nada; excepto que a lo lejos suenan ambulancias, los grillos están en intermedio, y el zancudo es ahora un diminuto y sanguinolento punto en la palma de tu mano. Te estirás y recordás, también, lo rico que se siente no compartir la cama con nadie.

El mal sueño se diluye. "Dormite otra vez", te decís a modo de arrullo, cerrando los ojos. "Esto no será así para siempre. Nada lo es".

1 comentarios:

Genius dijo...

Sabés cuando leo acá, cuando vengo y leo todas sus historias, me gusta imaginarme las escenas en flashback, es que tienen un no sé que, que sé yo...