Give sorrow words me dijo William Shakespeare. Y siguiendo su consejo, todos los días al despertarme, bajo las escaleras desde el palomar que es mi cabeza, paso por el vestíbulo de barrotes blancos que albergan nada, y llego a la habitación subterránea de mi estómago. Ahí me encuentro al monstruo de dos cabezas taladrándome las entrañas; un solo cuerpo con dos rostros diferentes. Le doy mis palabras, se las tiro desde el umbral de la puerta, y así se mantiene con vida. Si me le acerco mucho, me lastima más de la cuenta. Aún no junto la fortaleza para dejarlo morir, pero llegará el día en que pueda decir que ya no quiero escribirle, que mis palabras se enredarán en causas menos hirientes que su existencia. Pero por hoy, prefiero la compañía del monstruo, que me mantiene hablando aunque me desgarre, al silencio y la soledad del vestíbulo.

2 comentarios:

Florcitamd dijo...

Es justo lo que tengo: un monstruo de dos cabezas y un corazón loco!

SK Mario dijo...

brilliant, as usual!