- ¿Viste a la (inserte nombre aquí)?
- Ah, sí vos. Creo que se achicó cuando me vio porque andaba con los ojos hinchados.
- Qué pena. ¿Y qué le dijiste?
- Nada, me hice la maje.
- Ay, pero pobrecita vos. Que toda la mara sepa que te cortaron...
- Ajá, gran ahuevada. Pero quién la manda a hacerle caso a ese (inserte palabra antisonante aquí). ¿Qué estaba pensando?

- No sé vos. Yo creo que ni estaba pensando.
- Cabal, porque de cualquier otra persona me lo hubiera esperado, menos de ella.
- Sí. Ojalá lo supere rápido.
- Ay sí, porque pobrecita. Yo se lo dije y ella no me hizo caso...
- Cierto. Quizá hasta nos estamos preocupando por gusto, porque ella ya está grande y tendría que saber que no le convenía.
- Sí, nosotros fuimos sus amigas y se lo dijimos.
- Mirá, mejor callémonos que ahí viene

...

Supo de qué estaban hablando sin necesidad de escuchar una palabra. Solo necesitó ver como cambiaban de postura y disimulaban conversar sobre otro tema. Sobre otra pobrecita quizá, otra que en algún momento las consideró sus amigas, otra que alguna vez también les dijo "¿Ya te contaron el chambre?" -como ella en su oportunidad- y de quien después harían un delicioso festín verborréico.

Pobrecita pobrecita. Ahí supo que en verdad no tenía amigas. No las volvió a ver jamás.

3 comentarios:

Luli dijo...

Con amigas así...
Y la verdad es que es difícil encontrar a gente que no haga eso. Pero es mejor decirlo de frente y ya (con sutileza, claro).

Gero dijo...

Concuerdo con Luli. Hay gente que se enoja y hasta deja de hablar con otros sólo porque intentaron aconsejarla, pero al final, se ha hecho lo posible por ayudar.

Elisa Hernández dijo...

A simple vista, parecería algo inventado y ya; pero me sentí totalmente identificada: con amigas así ¿Para qué quiero enemigas?... ¡CASOS DE LA VIDA REAL!