Resulta que uno piensa en que la otra persona es la muerta, que la otra persona es un fantasma y uno no cabe en los espejos, no cabe en las certezas, se tienen dudas, pero al final es uno el que está muriendo, es el yo que se extingue. De ahí que todo sea inútil.

Que no hay teoría alguna que me haga recuperar lo que se fue, de ahí que las justificaciones no tengan validez y los objetivos parecen absurdos, al final en la práctica tu único fin era marchitarme, asesinarme, eso querías, lo supe siempre y te dejé.

Mi única meta, en cambio, era más simple, más limpia, justificaba el absurdo a veces. Uno sabe que va a morir y se tira a los abismos, pero nunca termina de caer.

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