A sus 16 años Jerónimo siempre supo ser el último en darse cuenta de los chambres. Quizás por no entender el mambo de que la culpa puede diluirse en una estructura social que comparte el mismo pecado no era capaz de aventurarse a añadirle o quitarle una parte a lo que alguna vez le contaban. Quizás porque desde siempre ese tonito en que se cuentan ciertos asuntos "como quien no quiere la cosa" le provocaba desde antes una especie de temor a ser descubierto como una suerte de delincuente, una culpa anticipada le daba un cosquilleo indescriptible (o descriptible pero no en este espacio) que le aguaba cualquier posibilidad de ser el nodo comunicativo del mesón, cosa que si era su popular compañera de cuarto. En cualquier caso, odiaba que las noticias se alterasen, así que no servía nunca de estación informativa, excepto cuando él mismo se volvió la noticia y se encargó cuidadosamente de irle diciendo a cada vecino del mesón cómo había descuartizado en la madrugada a su madre, para que nadie anduviera inventando.

1 comentarios:

Jerry H. dijo...

Percibo que Jerónimo tiene un problema...