Hay que decir que la madrugada es un poco como yo y yo soy un poco como la madrugada: El silencio y la ausencia son mi medio ambiente más natural, encajamos sin forzar nada porque la gente está acá pero está ausente, solo suenan las canciones y mis palabras resuenan de modo brillante contra las paredes: hay armonía entre el afuera y el adentro. Es rica la madrugada porque suelo quitarme el pesado traje de todos los yo que tengo que ser durante el día para quedarme solo con esta capa de piel áspera que empieza a arrugarse. Es linda la madrugada, puedo rascarme las heridas mientras mastico la amarga raíz de día a día.

Por otra parte, de madrugada, las palabras -tímidos animalitos- bajan a beber un poco de aire. En la madrugada salen a caminar los murciélagos pensamientos que durante el día apenas pasan papaloteando para irse a esconder a un rincón donde no puedo alcanzarlos. Ora puedo asirme de ellos y cantar un poco mientras espanto los gritos que de día se me han pegado en la espalda.

Y, más que todo, soy noctámbulo porque de día vivo entre ruido y ruido apretando los puños y de madrugada se me sueltan al fin las manos. No hay necesidad de golpear o defenderse de la suave oscuridad y al necesario silencio jamás se le atrapa con el puño cerrado.

2 comentarios:

Genius dijo...

(y)

Gero dijo...

Es que en la madrugada se sana las heridas y se reponen fuerzas.