Te vi bajar en el Cine España. Era febrero. Caminaste media cuadra con rumbo norte y diste con un puesto de latón donde venden libros usados. Buscabas alguna novela rusa asequible, Dostoievsky era muy conocido para tu gusto, así que asumiste que encontraste nada. Decidiste buscar otra cosa. Yo seguí el cliché y me compré El Principito en edición francesa. Te fuiste.


Te seguí.

No lo pude evitar.

Cuadra y media más abajo, en el Hula Hula, compraste Breakfast at Tiffany's y me dio repelús tu aparente gusto por el "cine clásico". Vos seguías sin notarme ahí, siguiéndote, acechándote ¿Acosándote? Seguí cumpliendo el cliché y me compré otro documental de la guerra. Te fuiste a tomarle fotos al Palacio Nacional, vos y tu película de a dólar, vos y andar firme pero pausado, vos y tu actitud "nada va a pasarme en el centro". Gallardía del siglo XXI. Yo caminé hacia la Iglesia El Rosario y pensé en correr y decirte que ahí está enterrado mi padrino, que lo encontraron en El Playón, pero vos tenés cara de perestroiko y no creo que te importe recordar a los héroes caídos por quienes juramos vencer (vos y yo, vi tu pulsera de Mauricio Presidente). Giraste hacia Catedral, pero sé que buscabas el teatro aquel donde iba a ir con la Caro a ver a Guardabarranco, pero tuve que trabajar; al teatro que amo y que sé que amás por su Gran Sala roja y aterciopelada que se presta para pegarte una cogida espectacular de no ser porque el teatro es una cosa muy seria. No hay función, pero entrás. Yo corro tras de vos. Entramos. Sacás tu carné, UES dice, Facultad de Ciencias y Humanidades. Si estudiás Sociología te juro que me caso con vos. Saco mi carné que también dice UES, pero el mío tiene la mancha insolente del Derecho. Ves mi carné, me ves a mí.

Me viste.

Me sonrojé. Por un momento se me vino la ilusión de cafés sin azúcar en el Bella Nápoles mientras hablamos de Kabah y Sailor Moon R (no ves animé y te lo agradezco en demasía) para honrar la seriedad del momento; de Ferias del Libro donde busco a Sartori y vos a Kant, de viajes a Cuba para tomarnos una foto en el mural del Ché por puro vacil; de viajes a Barcelona para reírnos de la obra de Gaudi mancillada por Ronaldinho e imaginarme que le dábamos vuelta a Perquín buscando horchata de coco.

Me seguías viendo.

Vi que separabas los labios, casi pude sentir a mi martillo y tímpano vibrar con tu voz, casi pude oler el 212 de tu ropa cuando sonó tu celular y tuviste que contestar. Pasaron cuatro buses, todos sonando sus pitos. Un estruendo de muerte. Vi una bandera LGBT pegada en la batería. Te seguía viendo incrédula, pensando que no era cierto, no, que sementales pretenciosos y guapos como vos no podían ser... no. Leí tus labios, "ya salgo. Ya te vi, amor". Saliste del teatro. Besaste a tu hombre. Te fuiste.

Ahora que lo pienso, me habría gustado oír tu voz.

5 comentarios:

KR dijo...

Magnífico y exquisito...

iba pasando dijo...

212 (^_^)

Clau dijo...

y a mí que me enloquece el 212...

Gero dijo...

Bien dicen que es imposible que obtengamos algo tal como lo pedimos y/o deseamos.

iba pasando dijo...

trato de huír de Virginia, pero sus relatos me seducen.... tengo un problema serio....prefiero huír...cuidate cipota, aunque mis fantasmas quedaron cuando pasaste por las mismas aulas... no creo que se haya pegado nada.... o sí?