Ocupado.
Ocupado.
Ocupado.
Así sonaba su teléfono ahora.

Temprano en la mañana, antes de irse a trabajar sostiene en una mano el café y crea el día, y con la otra mano carga el teléfono y el sonido de número ocupado lo destruye todo. Pero ella intenta, en serio intenta quitarle las lágrimas al café, mientras el teléfono sigue sonando ocupado, no deja de tener el sonido a que algo se ha desvanecido, a que algo se ha perdido, a que algo obstruye todo desde temprano.

Lejos están los días en que se embestían con besos en los portales, lejos están los días en que su amor era de conocimiento público, y en que adquirieron a manera de compromiso un duo pack de teléfonos con llamadas ilimitadas para toda la vida. Claro, las compañías de telefonía móvil lo sabían bien, que nada dura para siempre, ellos no perdían, quien escucha todo partir soy yo con ese maldito tono y las llamadas en espera, después de todo quizás esos escritores tenían la razón, la palabra para siempre es una palabra terrible. El tono de número ocupado en mi teléfono es un sonido terrible. Ocupado. Ocupado. Ocupado.

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