A veces me pregunto como será tener un romance por correspondencia. Supongo que en esas, ser como yo y tener muchas palabras qué usar es complicado. No tanto como si hay demasiado qué decir, muchos significados añadidos para cada cosa. Un "Espero te encontrés bien" garabateado a tinta negra con tu mejor letra de carta en el papel fabriano puede ir saturado de todos los colores de intenciones posibles desde la primera letra E. Cada palabra como un extracto de historias, sinrazones, motivos, influencias y carencias que espeluznaría a la destinataria si pudiése ver qué hay exactamente tras de cada línea.

Para alguien como yo, que no economiza palabras y que entre más preciso logra hacer la expresión mayor tranquilidad se le aviene sería caro un amor escrito. Y es que a alguien como yo, de algún modo le angustia comunicarse adecuadamente, le angustia sobremanera el malentendido y por ello decir lo adecuado puede llevarle una sola palabra o dos párrafos enteros para poder dejar caer con tranquilidad el pez al agua. Supongo que alguien como yo, metido en uno de esos romances de largo aliento, gastaría bastante en estampillas.

Lo preocupante es que ahora alguien como yo va encontrando reducidas sus posibilidades para ejercitarse en ese arte de armar cada línea como si fuera la tormenta perfecta, con la pasión de quien le va la vida en cada letra. Ahora con la influencia "moderna" y eso de que los párrafos tienen que ser cortos, que las ideas principales deben plantearse al principio de cada párrafo, que digamos todo en menos de tantas palabras o caracteres, hace todo mucho más horrible de imaginar. Y es que imagínese lo jodido que sería amarrar al esquivo amor solo con 136 letras por vez. 136 letras para armar un pequeño universo después de cada "Hola".

1 comentarios:

Clau dijo...

odio la idea central y me acuerdo del Oscar Doñas de la UCA, que en mi cursillo me dijo que escribía lindo...el único detalle es que no encontraba la idea central...vámonos por las ramas pues.