Uno se cruzó con Dos en la calle. Dos le susurró algo a Uno mientras pasaba a la par suya. Uno se encabronó y se dio la vuelta, quitándose el bolsón tipo messenger cuya correa cruzaba su pecho. Agarró el bolsón por la correa y la tiró como una soga alrededor del cuello de Dos, que seguía de espaldas y apenas alcanzó a reaccionar cuando sintió la presión cortándole la circulación de aire y sangre.

Uno le dio una patada en la parte de atrás de las rodillas y Uno cayó al suelo, en medio de una asfixia agónica. Por instinto, trataba de interponer sus dedos entre la correa y la piel de su cuello. "Conmigo no te metás, cerote...conmigo no te metás", dijo Uno al oido de Dos, deslizando cada una de estas palabras por entre sus dientes apretados. Removió la correa y remató el ataque con una patada en la espalda; volvió a ponerse su bolsón a través de su pecho. Se alejó a paso rápido, dejando en la lejanía la tos y las desesperadas bocanadas de aire de Dos.

Imposible tenerle lástima. Una vez Uno escuchó el mismo susurro, proveniente de Tres, Cuatro, Cinco...etc. Sintió miedo, se sintió vulnerable. Sobre todo, sintió ira inmensa. Se prometió nunca más soportar algo como eso. Y desde entonces, ante semejante cosa, reacciona como si se le hubiera metido el diablo.

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