Recuerdo los tiempos cuando se marcaba un número telefónico discando en vez de presionando botones de un teléfono. Y recuerdo que el sonido que salía cuando el teléfono de destino tenía una llamada era un “tu-tu-tu” interminable. Como interminable parecía volver a marcar el número otra vez por el dichoso disquito aburrido y monótono.

Como han cambiado las cosas. Hoy, no se disca, se marca puyando botones. Y ni siquiera puyando botones de números sino solo los botones necesarios para encontrar al contacto y darle “send”. Si tiene llamada el teléfono destino, una voz nos avisa que le podemos dejar un mensaje de voz. O se le manda un mensaje de texto.

En otras palabras, la comunicación telefónica de hoy ya no depende de si el otro está ocupado o no, le dejo o mando un mensaje para que lo oiga o lea cuando pueda. Lo que le llaman comunicación asíncronica.

Siquiera así fuera las demás cosas de la vida. Pero no lo es. Todo mundo hoy (hasta los haraganes) tenemos vidas ocupadas. Corremos de aquí a allá, todo el tiempo, yendo al trabajo, a la u, al colegio, a traer, a dejar, a comprar, a pagar, a cobrar, a jugar, a reunirnos, a pasear. Basta ver la cara de la gente en el transporte público o en los espacios públicos de tránsito, del comercio y todo mundo parece tratar de otear el horizonte al que se dirige.

Y mientras vivimos así nuestras vidas, vivimos como números ocupados, solo que en vez de decir “tu-tu-tu” decimos “yo-yo-yo”. Saludos de buenos días, buenas tardes o buenas noches, modales de “pase Ud. primero”, “le sostengo la puerta”, “por favor” y “muchas gracias” son olímpicamente olvidados por la prisa y las correrías.

Y si a eso le sumamos, el miedo y la inseguridad que vivimos, nos vuelve más números telefónicos ocupados, diciendo “nuesconmigo” cuando vemos un asalto, un maltrato, una tragedia.

Me parece sumamente curioso que en el tiempo en que la tecnología nos vuelve más productivos, más comunicativos y menos aislados de nuestros congéneres, sea el mismo tiempo en el que la apatía, la indiferencia y el desinterés nos dominen y nos conduzcan.

No creo que la cima de la civilización humana se alcance cuando gracias a la tecnología podamos aislarnos virtualmente de todo contacto humano. Creo que nos necesitamos, que la ayuda que pueda brindar a otros es vital para mi existencia y para el de los otros. Sea en algo pequeño o en algo grande. Ojala podamos comprenderlo y nunca seamos “números ocupados”.

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