Supongo que el trabajo de mi vida debió ser en la RAE, corrigiendo diccionarios. Claro, porque es un trabajo perfecto: lo más cercano a diputado posible, pero sin sentirme tan culpable por procrastinar; pasar sentado en algún parlamento mientras se discute por una cantidad obscena de tiempo el por qué modificar el significado de la palabra Parangaricutirimícuaro. Te tratan como estrella, te pagan bien por leer y discutir sandeces de la vida, y encima de todo te das a conocer con nombre de agente secreto: "Hola, soy el Sr. P, baby".**

Claro que un tendría que levantarme a diario preguntándome qué rayos es lo que estoy haciendo con mi vida, y diciéndome a mí mismo: "No voy a hacer esta mierda toda la vida". Porque admitámoslo, fuera de los círculos de nerd, pocos tendrían el valor de respetar a un tipo de lentes gruesos que se dedica a decirle a la gente cómo hablar y escribir; para que después existan elitistas que se burlen de los demás. Quizá en un arranque de deseo de venganza hacia la sociedad, me la pase escarbando reglas válidas desde 1547 para hacer que todos los que escriban se confundan. Claro, porque se lo merecen, esos incultos.

El sueño no duraría mucho, tengo que admitir. El día que me despierte y me dé cuenta que mi trabajo no tiene sentido gracias a que los diccionarios ya no son libros, quizá tomaría el camino del suicidio. O deje mi vida, para tener amigos de verdad. De esos a los que no leen diccionarios y que escriben puras estupideces. Sí, claro: ser blogger sería mi vcoación.

**Claro que dejaría tales anglicismos para las horas fuera del trabajo; de lo contrario, sería el hazmerreír de la oficina. :(

1 comentarios:

Karla dijo...

Yo me muero por trabajar en la RAE, ser presidenta de la RAE, y dictaminar que gaveta se escriba con b. GABETA, por favor...
Y esa va a ser mi contribución a la historia de la humanidad.