Recuerdo que mi abuela me decía cuando yo insistía en jugar a Gladiadores Americanos con mis primos: Muchachito, dejá de tentar al diablo encaramándose en ese palo.  Jugar al Asalto con olotes en lugar de pelotas de tenis y subido a un árbol de níspero era una experiencia sublime, hasta que acerté a darle con un olote a una prima en la boca, o cuando yo mismo quede trabado entre dos ramas por evitar un certero "olotazo" entre los ojos.

Igual fue jugar al softball haciendo alarde de gran jugador de baseball: No andes tentando al diablo, ese bate le va a romper la jeta a alguien. ¡Pum! ora quedó carcomida la sonrisa de mi primo, con los dos incisivos superiores quebrados por ese bate que habíamos hecho de una rama de guayabo y que certeramente fue a parar en su cara de catcher en uno de mi jonrones más épicos.

Monos, dejen de estar tentando al diablo, un tetunte de esos va a traer una piedra dentro y le van a dar en el "sentido" a alguien y diocuarde*... En efecto le di a a la "Chana" a la altura del parietal izquierdo, causandole una herida que requirió siete puntos de sutura. Ello implicó irme corriendo a la quebrada y esconderme ahí hasta que me hallara mi abuelo, la policía o la noche. Cuando reaparecí supe de los puntos y que no debía hacerlo de vuelta. Pero lo hago - lo de tentar al diablo, no lo de ocasionar heridas parietales - .

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Honestamente no sé qué decir respecto a tentar al diablo. Quizás escribir esta entrada es en cierto modo eso. La página en blanco o esta virtual página en blanco que empiezo a manchar es la piel del diablo y estas letras son pequeños toques, tetuntes u olotazos. En cualquier caso cuidese los incisivos y los parietales y nos vemos la otra semana.

Victor


* Diocuarde: Dios guarde

1 comentarios:

iba pasando dijo...

Aaaah jugar beis-soft-ball con un bate de guayabo era una gran cosa.

Y un adulto que no tenga cicatrices de cipote, no tuvo infancia!