Ella tiene diccionarios en su casa, seis diccionarios, cada uno con características particulares. Es la manifestación más básica del amor a las letras. Antes de conquistar los clásicos de la literatura y la literatura light, estaban los viajes obligados al reino de la A, a la jurisdicción de la X, a la ciudad de la N, al caserío de la R. Desde pequeña aprendió que antes de preguntarle a una persona qué era tal cosa, debía preguntarle al diccionario...así como hoy se espera que antes de preguntarle a una persona qué es tal cosa, se le pregunte a Google.

Pero esta vez, ella no sabe exactamente qué preguntar. Esto que se le ha venido encima no tiene nombre, al menos no que ella sepa, de modo que no puede arrastrar su dedo índice por las páginas para operativizar esta cosa tan etérea. Hojea y hace skimming, pero apenas encuentra unas pocas claves. Observa sus seis diccionarios, uno sobre otro, con desaliento lacrimógeno. Esto va más allá de cualquier palabra.

1 comentarios:

Genius dijo...

Ni seis, ni doce ni mil diccionarios... hablabas de algo intangible y notablemente indefinible!