Y ahí tenés que la Lola no anda en paz. La ves venir cabizbaja todos los días, y siempre viendo al volcán. Que el periodo de actividad, que los enjambres sísmiscos, que La Tierra y Sus Recursos...la soca por gusto, si cuando eso pase, nos lleva Judas y de ahí no hay pa'donde.

Agarra llave, vos. Todas las tardes se encarama al techo, ahí ha puesto un su campamento de observación. La he visto subir varios bolados, pero lo que siempre sube y baja es su botella de agua, un cuaderno y unos binoculares. Una vez subí y la encontré con una mirada de chucho aguacatero. Si fuera chucho le creyera toda esa alharaca que se tiene, porque los animalitos sí como que tienen un sexto sentido, y es cabal en el momento. Lo suyo es paranoia, que le dicen.
Una de esas tardes, Lola revisó la lista que había escrito en su cuaderno:
- Dos bolsas grandes de basura. Una verde y otra negra.
- Un espejo pequeño.
- Una caja de fósforos.
- Tres varas de incienso, para los zancudos y para levantar la moral.
- Botiquín: una caja de curitas; un bote de alcohol; una bolsa de hisopos; una bolsa de algodón; tirro; ibuprofeno; jandsanitaiser; un rollo de papel higiénico de doble hoja; un paquete de toallas femeninas (dicen que sirve para iniciar fogatas también); una caja de antihistamínicos; desodorante tamaño muestra.
- Una toalla.
- Un galón de agua.
- Cinco barras energéticas.
- Cinco latas de comida que no requieran abrelatas.
- Abrelatas (no vaya'ser el diablo).
- Dos cajetillas de chicle, a modo de consuelo.
- Un silbato.
- Dos cuchillos, o una navaja suiza.
- Un pañuelo grande.
- Una cachanflaca.
- Una lámpara de mano.
- Un encendedor.
- Una radio.
- Un yoyo.
- Un juegos de baterías AA y uno de AAA.
- $60 en billetes pequeños.
- Una mascarilla.
- Una memoria de 16 GB con todo el contenido de la laptop (especialmente las fotos).
- Una cartera con original y/o fotocopia de DUI, licencia, pasaporte, seguro de vida, título de propiedad y tarjetas de cliente frecuente; una ya con los diez sellos.
Y al fin tachó lo último que le faltaba: el silbato. Esa misma tarde, levantó su campamento y no volvió a subir al techo. La gran mochila que contenía todo lo que decía la lista pasó a ocupar una esquina del cuarto de Lola. Ella aparentó olvidar el asunto y su ansiedad cayó en letargo, para hacerle compañía al volcán que dormía sin reloj despertador.

0 comentarios: