En primer grado me llevaron al tercer piso, a leerle a los alumnos de noveno grado un cuento, para avergonzarles que un niño de 6 años leyera en voz alta mejor que ese grupo de adolescentes, y que aún entendiera mejor lo que había leído que algunos. Cosas de profesores. Para ellos y las monjas que administraban el colegio durante varios años fui una especie de Domingo Savio con un vocabulario amplio e impoluto. Para mi familia y amigos, era una especie de pequeño Larousse, a quien siempre podían pregunta por cómo se usa una palabra, o qué significa aquella otra.

Cuando pienso en diccionarios no puedo dejar de pensar que en tercer grado nos pidieron comprar uno pequeño. Un mini diccionario que era un mundo nuevo para la mayoría de mis compañeros. Ese que ven a la par de este párrafo.

Para mi no era un mundo nuevo, si no una rareza ver un diccionario tan pequeño, acostumbrado yo a uno más grande y sin dibujos. Un Larousse cuyo modelo(?) no recuerdo, pero que era parecido al que ven al extremo izquierdo de esa pequeña colección de diccionarios varios que ven en la primera foto. Era un poco más ancho y más grueso y habían todas las palabras que podía imaginar en aquellos tiempos.  Yo estaba ya acostumbrado a abrirlo y navegar entre las palabras, buscando una que me gustase e intentaba usarla. Acostumbrado por una lapidaria frase de mi padre quien me remitía con gravedad al diccionario cuando yo preguntaba por qué significaba alguna cosa: "Andá a buscarlo al amansaburros" fue una frase común en casa, dada mi curiosidad innata por saber de qué iba el mundo y las palabras que lo adornan.

En tercer grado tuve que usar ese diccionario punto que no tenía las palabras que oía en el microbús escolar a los grandes, que se sentaban atrás y decían que yo era una hormiga. Los grandes decían cosas como puta pendejo, mierda, puta, cerote, cuca, verga, mico y las usaban en juegos de palabras que me eran desconocidos e ininteligibles. Los grandes no conocían el diccionario y los Sin. que aparecían a la par de cada palabra. No sabían que culero era una pieza de tela que se cose en las asentaderas, que no había lógica en decirle "Chele cuca macarrón" al chico rubio que se sentaba adelante y hacía gala de tener los juguetes que nosotros nunca tendríamos. Con el tiempo aprendería a usar los mismos juegos de palabras. Logré inteligir que significaba
-tu madre
- la tuya
- la que te puya, la patrulla

Me alejé de los altares y me acerqué a las canchas, a los camiones y a mi grupo social.

Aprendí que los significados estaban afuera de los diccionarios. Aprendí que habían gestos que estaban más allá de los libros, que sacar el dedo de enmedio de la mano, encogiendo el resto para que sobresaliera aquel era una especie de declaración de que yo no era Domingo Savio, porque en el mundo donde no estaban las monjas ser Domingo Savio acarreba pelotazos, coscorrones, bolsones perdidos, patadas y otros dolores menos físicos.

Con todo, siempre seguí hurgando en aquellas páginas cada vez más oscuras.Guardé ese pequeño diccionario donde no estaban esas palabras que no entendía y que luego usaría - a veces con demasiada frecuencia - y cada que lo veo recuerdo aquellos años inocentes. Hoy cuando recuerdo la frase lapidaria de mi papá, enviándome al amansaburros me da risa. Mi amansaburros es hoy dos enlaces en el navegador y un motor de búsqueda donde no se me esconde casi ninguna palabra. Sigo teniendo la costumbre de buscar qué significa astrágalo, coriandro, mielga. Por sobre todo, sigo siendo un pequeño Larousse, pero que incluye aquellas "malas palabras" y otras que invento para inteligir ese mundo de grandes al que todavía no me he acostumbrado.

Victor

2 comentarios:

Clau dijo...

ya me hiciste recordar, que en vacaciones que fui a mi casa de infancia, buscando chunches encontré mi diccionario de la escuela, era como de bolsillo, verde, forrado con plástico...tenía mi nombre, con esa letra de la niñez y lapicero azul kilométrico.

Sentí nostalgia al verlo y pensé que era un ente raro por tener melancolía de semejante objeto, ahora, al leer tu post, veo que no estoy sola en este mundo de palabras

Dianita dijo...

Te recomiendo "El Leperario Salvadoreño" del Dr. Velásquez!!! Es genial!!!
XOXO