Últimamente he pasado la mayor parte de mi tiempo en casa. Sin embargo, por lo general, soy una persona que ama los viajes. Y cuando escribo viaje, me refiero a cualquier salida fuera de lo normal. Y hay cosas que se me hacen indispensables, cosas que no puedo dejar:
  • Mis ojos, mi nariz y mis oídos. Quiero percibir todo lo que pueda del lugar y de las personas al que voy. Dicen que, de todos los sentidos, el que mejor memoria tiene es el olfato. De ahí partimos.
  • Mi cel cargadito de música. Pocas cosas en la vida son comparables a ese ejercicio de cerrar los ojos y, con los audífonos puestos, dejar que el sexto sentido trabaje.
  • Mi USB. Parece raro ver este artefacto en esta lista. Pero esta ahí por algo.
  • Mi tao. Un compromiso personal. Un recuerdo de quien soy.
  • Mi billetera. El dinero es lo de menos. Muchos de mis documentos me recuerdan grandes logros de mi vida. Como mi licencia para conducir. 
  • Mis tenis. Andar con las cintas de mis tenis sueltas no tiene precio. Y es que, a pesar de lo mucho que me regañen, nunca me andarlas así.
  • El corazón. No pude faltar a cualquier lugar donde vayamos.
Todas estas cosas las meto en mi mochila personal, mitad tangible, mitad abstracta.  Y listo, vamonos.


De mi última escapada. Soy de montaña, pero la playa también tiene influencia en mi.

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