No recuerdo mi infancia con mayor detalle. Quizás alguna que otra cosa relevante, detalles. Por ejemplo, la época que me tocó vivir fue entre la transición de los juegos tradicionales y el Nintendo. Pasé muchas tardes jugando mica o escondelero mezcladas con Mario Bros. Los juegos de aventura ruleaban, a pesar de que uno tenía que echarse de un sólo tirón el juego porque no había forma de guardar los avances. Por otra parte, confieso que nunca fui muy bueno para ningún tipo de juego: en mica siempre era de los que les costaba pasarla, en ladrón librado y en "policías y ladrones" parecía 'un penece' en pleno Centro de San Salvador, en escondelero me costaba encontrar a los otros y me costaba demasiado esconderme, en el serio no soportaba la risa y jamás entendí eso de mató tunco tu tata. Pero igual, como disfrutaba esas tardes, sobre todo de diciembre, con ese vientecito. Hablando de viento, se me viene a la mente algo que no tuve la oportunidad de realizar las suficientes veces y que encantaba: elevar piscuchas. De alguna forma las envidiaba, verlas tan alto, tan libres, sin preocupaciones. Me veo ahora, atado hasta enero para un respiro y luego otro rollo para ser profesional, y después el trabajo y más tarde.... De veras extraño aquellos días.

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