Prefiero el sol de invierno. El que todavía no ha terminado de levantarse, el que me lanza rayos tibios a través de la ventana, el que no le gana al frío pero le hace buena compañía. Ese es el sol que quiero regalarte, el sol que le ofrecí a muchos pero nadie quiso. Y no entiendo por qué, si es tan....cuestión de gustos, supongo.

Ese es el sol que sigo, y es otra vez esa época del año, ese sol me llama. Me voy, me voy sola, tal vez algún día vengás conmigo. Podemos salir de la casa con abrigos, cruzar el parque y meternos al coffeehouse y a la librería. Yo creo que te gustaría. Y encima de nuestras cabezas, todos esos colores que manchan el cielo, como témperas derramadas. El sol antes de que entre a trabajar y su posición marque las 8 en el cielo; el sol al final de sus horas hábiles, deslizándose lentamente en el horizonte. Y el frío, sobre todo el frío.

Quién sabe cómo estaríamos si muchas más estrellas estuvieran igual de cerca a la Tierra que el Sol. Me basta con una. Y si vos me decís que sí, te aseguro, me basta con vos.

1 comentarios:

Gero dijo...

Las personas tenemos esa costumbre de mirar al cielo, mirar con curiosidad, y de encontrar todo un universo a nuestro alrededor.