Te he oído llamarlo por las mañanas en medio de canciones dulces, en medio de las frescas horas, y finalmente los días soleados vienen y se tropiezan con las cortinas, con los despertadores, con tus pupilas. Los días soleados se cuelgan de los arboles, de las puertas, de las palabras.

Los días soleados sos vos y tu mirada de las cuatro de la tarde, vos y esa sensación de brisa y nubes que pasan arriba nuestro, vos y las canciones melancólicas y dulces. Pero te encanta la lluvia, para eso estoy yo. Y a mi me gusta el sol con vos.