De parte de Industrias La Vaquita y todos nosotros, deseamos pasen bonitas fiestas en compañía de los suyos. Nosotros la pasaremos con los nuestros.


Nos vemos en el 2010.

No bailo, no quemo pólvora, no me gustan los villancicos, no puedo cocinar pavo, no me gusta el rompope -es guaro de monja-, odio las películas de Navidad, no me gustan los dramas familiares ni el ruido demencial de las balas perdidas. No me gustan los niños quemados, los pasillos llenos de golpeados, la gente que me arrastra a abrazar a entes que no conozco. No me gusta el 24-25 de diciembre. Aparte, soy atea.


Ah, pero el 31. Las cumbias, los brindis, los recuentos, las vueltas de página. Las llamadas a medianoche. Los pasos adelante. Viva año nuevo.

Pero usted que sí le hace al bailongo y comprar metralletas de dos cuadras y cantar Los Peces en el Río y cocina Chompipollo y le gusta el rompope y es una persona de familia, dele. Feliz Navidad, Saturnalia, Solsticio de Invierno. Pasadla bonito.

Diciembre tienes muchas cosas que no me gustan, tiene demasiada ausencia, se desprenden recuerdos y la nostalgia sucede. Diciembre suele ser la conclusión no sólo del año, sino de muchas más cosas, por lo mismo no es mi mes favorito, no me gusta, no lo quiero. Pero diciembre existe y está acá haciéndonos creer que es algo especial. Vuelve, siempre vuelve, pero el tiempo es otro y nosotros seguimos siendo tan distintos. Muy pronto todo esto sólo serán recuerdos, entonces imaginemos el futuro lo mejor que podamos.


Diciembre es para mi el mejor mes del año. Me pone nostálgico. Me acuerdo de esas mañanas sin oficio en las que me ponía a ver televisión con mis hermanos. Veíamos "Supervacaciones". Por la tarde jugábamos fútbol o cualquier otra tontera para acabarnos el tiempo. A veces comprábamos cuetes de 5¢ y los metíamos a botellas o cualquier otro recipiente. También experimentamos con los silbadores. Además invertíamos nuestro tiempo en el Nintendo con Mario, Street Fighter 2010 o cualquier juego que nos prestaran. Y claro, el día más esperado era "el 24". Nos íbamos a la casa de mis abuelos y pasábamos ahí toda la noche. Regresábamos con el baúl del carro lleno de regalos. Por la mañana la cosa cambiaba: teníamos que barrer la calle llena de basura de la pólvora. Para "el 31" la historia era similar sólo que no habían regalos y se podía escuchar la famosa ♪faltan cinco pa' las doce♪
Es curioso como pasa el tiempo. Tengo la certeza que esas navidades regresarán cuando, eventualmente, me toque cuidar a mis hijos. Claro, serán un tanto diferentes precisamente porque tendré que cuidarlos: que no peleen, que coman, que tengan cuidado en al calle y, por supuesto, que no anden metiendo cuetes en recipientes de vidrio ...

[No voy a pensar en aquello de ♫ llega navidad y yo sin ti, en esta soledad...♫ Lo tarareo ahorita para que ya no vuelva a salir. Solo le voy a dedicar este par de líneas.]

Emigramos por una noche a la cálida morada donde solía jugar días eneros en mi niñez, comemos y hacemos las bromas de siempre. Una alegría repetida con cada vez menos sillas a la mesa y con más nombres que mencionar como presencias en el corazón que no comerán chumpe, tamales o lo que se haya podido juntar para comer juntos. Oramos y brindamos, nos regalamos un par de abrazos más. Volvemos a reir aunque sepamos que somos cada vez menos los que nos juntamos a cenar en una mesa larga.

Al centro de todo mi presencia llena de sensaciones. Estoy solo en medio de todo. Cada quien a lo suyo y yo a encerrarme en un libro, en intentar que caiga una llamada que intenta suplir una visita que quisiera haber hecho para dar los abrazos que no puedo. Estoy solo en medio de todo y pienso en lo bonito que fuera no tener q pensar q entiendo eso de llega navidad y yo sin ti en esta soledad.

Vale verga.


[Disculpe usted el tono de no celebración y de más catársis que otra cosa. En mi corazón queda la satisfacción que este año ha iniciado este proyecto hermoso que me fuerza a sacar de dentro cosas que no siempre me atrevo a decir. Ha sido un año lleno de retos y el año que viene seguira siendo así, con la agravante que yo tengo el deseo que sea mejor que este que ya se acaba. El deseo va para mi y para usted. Hagámoslo posible. Un abrazo. Victor]

¡Qué tema más complicado para esta semana!, porque como muchos saben, la navidad no es para mí. Claro, lo único que les puedo decir es que no es necesario que sea navidad para hacer nada de lo que en ella hay, como beber rompope, dar regalos o hacer galletas. Mucho menos para hablar con sus amigos y familia, o decirles que los quiere. Hágalo durante todo el año, no busque excusas ni viva su vida de modo aburrido.

De parte del martes en CP, ojalá que todos los días que yo publique sean una excusa para vivir un buen 2010; salga y haga cosas buenas por los demás, háblele a las personas solo porque sí, dé regalos porque se acordó de ellos y dígales cuánto los aprecia. Si usted celebra el nacimiento de Dios, no lo haga una vez al año, porque se merece más. Claro, también evite las épocas de consumismo y administre su dinero del modo correcto. Por último:

- No compre ni reviente pólvora, por el bien de los niños y del medio ambiente;
- intente beber lo necesario, recuerde que el que sabe se divierte;
- sea amable al manejar, demuestre que pasar tiempo con su familia y amigos lo hace sentirse bien; y
- aproveche su tiempo libre.

Y así es como vamos a destruir la navidad de una vez por todas.

Nos pusimos a tono con las celebraciones, y sí, entenderán que este es mi último post en campopagado para el 2009.

Y pues sí, normalmente hago esto en mi blog, desde el 2006 -me siento blogueramente vieja- .Pero lo haremos acá para compartir la emoción de prometernos cosas para cambiar y desearnos lo mejor. Pero no serán los personales, esos seguirán manteniéndose por allá, cuando toque. Sino mis deseos comunales, por así decirlos, lo que siento que nos harían bien a todos.

Tons, voy a sacar a pasear la maleta, tirar sal a un ladito del hombro, preparar las uvas, levantar la copa y primero decir los 12 deseos de las uvas virtuales:

1. Que El Salvador tenga una política de mitigación de riesgos y que cada vez se muera menos gente cuando llueve -sería bueno llamar a nuestro presidente Funes y que me viniera a leer, nomás tantito.

2. Que el señor Saca devolviera el pistillo que se robó y lo invirtiera en salud y educación (este sí es un sueño guajiro).

3. Que haya justicia, que se reconozca a los mártires salvadoreños.

4. Que hayan más espacios públicos seguros en El Salvador.

5. Que disminuya la violencia, no quiero seguir enterrando gente que se pudo evitar morir.

6. Que la crisis de los gringos nos afectara menos, o sea, espero alguna diversificación de nuestros socios comerciales, sería como bueno. Pero bueno, el ALBA no va, no está en discusión, pero haber qué pasa.

7. Que el señor premio Nobel de la paz, haga algo de lo que prometió y los salvadoreños que viven en los yunai estén mejor.

8. Que el señor premio Nobel de la Paz, actue como merecedor de ese premio y deje de servir al imperio de la guerra y la violencia.

9. Que la gente tenga memoria. ¿Qué pasó con el caso de los diputados del Parlacen? Que alguien se acostumbre a dar respuestas.

10. Que hayan menos niños quemados :) . Tan bonitas que son las luces y me gustan más que el ruido de los cuetes.

11. Que el mundial de fútbol sea entretenido, limpio, no tan comercial y que la gente no se le olvide lo que pasa a su alrededor por un marcador.

12. Y luego, salud, dinero y amor, para todos.

Y ahí acabo mi carta al niño Dios!




Mis propósitos blogueros:

1. Seguir con este ejercicio virtual de lo que es el proyecto Campopagado.
2. Escribir más en mi blog de economía para mover la ardilla económica que tengo en la cabeza.
3. Tuitear menos, bloguear más.
4. Chismosear menos en el facebook.
5. Ser más crítica y compartir la crítica, se me ha quedado tanto por decir en el tintero a veces de las coyunturas nacionales e internacionales, que me parece que la opinión de una hormiga es al final una opinión, pero el ejercicio de decir lo que uno piensa de manera estructurada es un acto ciudadano que debería ejercer con más frecuencia.

Son poquitos, pero los intentaré. Ahora les deseo lo mejor. Levanto la copita, la alzo, aclaro la garganta y les digo:

FELICES FIESTAS

Y que se oigan los cuetes!

Nos leemos en lo que será el 2010.

Hace exactamente 17 años mis padres empezaban su última misión como papas. Y si hacemos caso a la tradición salvadoreña inventada "no-se-por-quien" de que la responsabilidad de criar a un hijo (o de "sacarlo adelante dándole estudio") termina cuando se gradúa de bachiller, entonces esa misión termino exactamente ayer.

Lo curioso de la fecha es que hace también 17 años graduaban ellos a su hijo primero. Largos años de una tarea no siempre agradable (supongo yo) van terminando en estos días, entonces.

Y creo que puedo hablar por todos sus descendientes y decir que no sé cómo le hicieron, pero a juzgar por los resultados creo que no lo hicieron tan mal. Y no, no es gana de alardear. Porque no medimos el éxito de la tarea realizada en la cantidad de bienes o logros académicos que hemos llegado a tener sus descendientes, sino en lo orgullosos que ellos se sienten de lo que SOMOS.

Quizás, parte de ello, se deba a que nunca nos mintieron. Nunca nos dijeron que un personaje gordo vestido de rojo, nos traía regalos por ser buenos o un personaje invisible llamado "niño-dios".

Quizás también se deba porque recibimos sus muestras de cariños, palabras animosas, abrazos y besos, sin llegar a los extremos de la cursilería, todo el tiempo, no solo en determinadas fechas del calendario.

Puede ser que también en parte, se deba a que no tuvimos siempre mucho en abundancia, y cuando se tuvo fue como resultado del trabajo duro realizado y de la honradez ante todo.

En estos días, que mis papas empiezan a cerrar algunos capítulos de su vida y abrir otros, me siento como en una fiesta. Feliz de ser quien soy, rodeado de ellos y de mis hermanos, listo a afrontar lo que venga el en futuro, sea bueno o malo. Esa es la clase de espíritu festivo que le deseo a todos los que forman parte de una familia.

Papas, hoy se merecen una gran celebración, una gran fiesta, es para ustedes.

Prefiero el sol de invierno. El que todavía no ha terminado de levantarse, el que me lanza rayos tibios a través de la ventana, el que no le gana al frío pero le hace buena compañía. Ese es el sol que quiero regalarte, el sol que le ofrecí a muchos pero nadie quiso. Y no entiendo por qué, si es tan....cuestión de gustos, supongo.

Ese es el sol que sigo, y es otra vez esa época del año, ese sol me llama. Me voy, me voy sola, tal vez algún día vengás conmigo. Podemos salir de la casa con abrigos, cruzar el parque y meternos al coffeehouse y a la librería. Yo creo que te gustaría. Y encima de nuestras cabezas, todos esos colores que manchan el cielo, como témperas derramadas. El sol antes de que entre a trabajar y su posición marque las 8 en el cielo; el sol al final de sus horas hábiles, deslizándose lentamente en el horizonte. Y el frío, sobre todo el frío.

Quién sabe cómo estaríamos si muchas más estrellas estuvieran igual de cerca a la Tierra que el Sol. Me basta con una. Y si vos me decís que sí, te aseguro, me basta con vos.

Te he oído llamarlo por las mañanas en medio de canciones dulces, en medio de las frescas horas, y finalmente los días soleados vienen y se tropiezan con las cortinas, con los despertadores, con tus pupilas. Los días soleados se cuelgan de los arboles, de las puertas, de las palabras.

Los días soleados sos vos y tu mirada de las cuatro de la tarde, vos y esa sensación de brisa y nubes que pasan arriba nuestro, vos y las canciones melancólicas y dulces. Pero te encanta la lluvia, para eso estoy yo. Y a mi me gusta el sol con vos.

Cuando la oscuridad de la noche iluminó por todas partes, el Sol se asomó por mi ventana.
Me preguntó por la Luna. No supe responder. Ni las Estrellas sabían de ella, sólo yo. Pero no podía decir nada, no debía decir nada. El Sol se puso rojo de la cólera, sabía muy bien que algo escondía. Traté de calmarlo. Le dije que quizás hoy le tocaba ser Luna Nueva y su rostro nos ocultaba. El Sol se quedó callado, incrédulo. Las Estrellas a su espalda comenzaron a temblar. Y yo también. El Silencio se apareció de pronto y se quedó largo rato.
Finalmente, el Sol decidió irse, más triste que enojado. Las Estrellas, ya más tranquilas, se escondieron tras el telón del Cielo. Y el Silencio, cómplice de todo el mundo y de nadie al mismo tiempo, se quedó mudo y reinó. Sólo entonces salió la Luna de su escondite. La abracé, la besé y la amé.
Pero se abreviaron las horas en segundos, el Cielo se pintaba de naranja: la Luna debía irse. No queríamos separarnos pero teníamos que hacerlo. Así que nos despedimos con al esperanza de aquella noche, en la que de nuevo nos tendríamos que esconder del Sol nocturno.

Vas a necesitar ojos polarizados para verme a los ojos.
Y una cubierta cósmica para abrazarme.

Acostumbrate:
cuando no te alumbre vas a sentir congelarse hasta un kilómetro dentro de vos
cuando te toque de nuevo vas a arder casi sin rastros húmedos.


Aunque escondás dentro de vos tus semillas, van a crecer hacia mi
te voy a germinar jardines que olerás desde sus raíces.


Eso, claro, cuando ya no estés en la materia oscura
y giremos centrífuga y centripetamente
expandiéndonos con el universo.

Vení, antes de volverme agujero negro.

Vienen y van días en los que me levanto con la emoción de sentir el día mientras que hay otros en los que espero a que anochezca para sentirme lleno. Pero toda la vida llego a la pregunta: ¿Qué sería mejor, tener solo días, o solo noches? La respuesta es más que obvia.

Porque a pesar de todas las cosas que en el mundo se nos niegan, hay una que cualquiera puede tener y disfrutar, aunque no siempre somos conscientes de ello. La luz que sana nuestra tristeza, nos mantiene vivos, nos deja ver.

Y que mientras la tecnología no exista, probablemente no sea privatizada.


Ofendeme, abrí las cortinas

de todas maneras nunca vas a poder asociarme con la luz
tan prístina
tan clara
tan no-yo.

¿Te ofendo? ¿Puedo? Abro las persianas
Que entre el sol
que me golpee el rostro
que el resplandor ataque mis conos
y mis bastones
que se lleve tu negro
morado
violeta
lila
celeste
y me deje el rojo
naranja
amarillo
blanco
luz
tan no-vos
[la gente oscura tiende a juntarse]

Que se lleve la noche
los truenos
el llanto
no fue nada
y vos lo sabés

Que entre, dale, ofendeme, abrí la ventana
corré las cortinas
subí las persianas
que entre el sol
que entre la luz
que entre la vida
y a la mierda con vos.

Quien hable conmigo un ratito de música, se enterara rápidamente de lo siguiente sobre mis gustos musicales: que me gusta la música romántica y la de Luis Miguel.

A los que detestan al tipo, les digo que mi gusto por la música que el interpreta (no escribe, no compone, si, ya lo sé) no se debe a simpatía hacia su estilo de vida, opiniones o actitudes, sino a que me pone de buen humor.

Y cuando supe que el tema de esta sema seria “Sol”, no pude dejar de pensar en la canción “Cuando calienta el sol”, cancion compuesta por Rafael Gastón Perez, un musico nicaraguense que tocó en 1948 en un grupo musical de El Salvador, entre otras cosas, segun Wikipedia.

Pues esa cancion que el tipo en cuestión (a quien paradójicamente le llaman “El Sol”, tonteras de la gente) interpreta en un video, tiene cosas que me hacen feliz: estar en la playa, ver aves marinas, chicas en bikini :-D, comida y fregazón.
Así que les dejo el video, cortesía de Youtube.com para que lo vean.



Para ser honesto, escuche esta misma canción interpretada por la orquesta de Ray Coniff que me gustó mucho más que la de Luis Miguel. Lástima que no iba acompañada de un video de playa y sol.

Se me disculpará el refrito. Pero la confusión persiste.

Mirá, sobre esa calle emergen los muertos, si te vas más al sur no volvés nunca, ahí ni la autoridad llega, yo sólo tengo recuerdos de esa calle cuando jugábamos capirucho con el Chele y el Goyo, ahora ellos no se acuerdan cómo se asustaban cuando yo les aplaudía en la cara y parpadeaban los majes y les metía su patada por maricones, eso sí, después de darles la patada salía corriendo porque yo maje no soy, y vos sabés que esos quietos no se quedan. Pero ahora junto al letrero de 'alto' ya no quedan vestigios de infancia, tampoco hay niños jugando a darse verga, ahí sólo quedan muertos, la calle del Tata, que es una calle fingiendo ser matadero, que es un matadero fingiendo ser calle, donde ya no hay niños jugando a saber si tenían o no miedo. Mirá, es que sobre esta calle emergen los recuerdos, si te vas más al sur no volvés nunca.

No recuerdo mi infancia con mayor detalle. Quizás alguna que otra cosa relevante, detalles. Por ejemplo, la época que me tocó vivir fue entre la transición de los juegos tradicionales y el Nintendo. Pasé muchas tardes jugando mica o escondelero mezcladas con Mario Bros. Los juegos de aventura ruleaban, a pesar de que uno tenía que echarse de un sólo tirón el juego porque no había forma de guardar los avances. Por otra parte, confieso que nunca fui muy bueno para ningún tipo de juego: en mica siempre era de los que les costaba pasarla, en ladrón librado y en "policías y ladrones" parecía 'un penece' en pleno Centro de San Salvador, en escondelero me costaba encontrar a los otros y me costaba demasiado esconderme, en el serio no soportaba la risa y jamás entendí eso de mató tunco tu tata. Pero igual, como disfrutaba esas tardes, sobre todo de diciembre, con ese vientecito. Hablando de viento, se me viene a la mente algo que no tuve la oportunidad de realizar las suficientes veces y que encantaba: elevar piscuchas. De alguna forma las envidiaba, verlas tan alto, tan libres, sin preocupaciones. Me veo ahora, atado hasta enero para un respiro y luego otro rollo para ser profesional, y después el trabajo y más tarde.... De veras extraño aquellos días.

Mato tunco tu tata fue uno de tantos inicios en los rituales probatorios. Esos que -de ser superados satisfactoriamente- irian proclamándole a nuestros congéneres que no carecíamos del valor que ellos mismos nos cucaban, que pregonarían lo machos que somos, lo vergones que podíamos ser. Así aprendimos a reaccionar rápido, a no cerrar los ojos, a demostrar la valía, los huevos. Así aprendimos a ponerle otro rostro a los sentimientos. 

No hay que confiar en quien juega con vos, hay que poner cara de vivo. Vivo como sinónimo de desconfiado y de aprovechado, vivo como buen macho. Hay que responder que no le tuvimos miedo a la muerte del tunco, a los alaridos, a la sangre o a lo que sea que fuera que podría darnos miedo en la muerte de un cerdo.

Aún hoy pienso en qué símbolo habría detrás de un padre matando un puerco. Lo único que me queda claro es que aprendí a no cerrar los ojos y a demostrar cuan macho soy, haciendo caso de cualquier sinsentido.

Esta es la triste historia
de aquel tipo y su novia
La mina es tan fea
que cuando hacen el recuento
lagartija para arriba
ya no la toman en la cuenta

Al tipo le vale, sin duda
aunque sí le parece raro
que los niños les huyan
cuando anda junto a ella
comprando en sus idas al mall

a comer crepas y cinnabon

Así de fea es su vida
porque si el amor es ciego
como la justicia es
el tipo debe ser el diablo
o ella cotiza su amor;
los ciegos no tienen de otra.


P.D. Este tema sí está complicado.