Por una vez, quisiera pasar entre ellos sin que cuchichearan y se rieran. Sin que me siguieran con los ojos o intentaran acercarse más de lo socialmente aceptado. Quisiera pasar desapercibida.

Y no es que yo sea la gran cosa. Paradójicamente, su supuesta apreciación por mí -o las partes visibles de mí- convive con el desdén: soy igual que todas, todas son igual que yo. No soy nadie, podría ser cualquier otra y para ellos da lo mismo. Entonces me resigno a la saliencia de mi anatomía, y, al menos para distraerme de lo que pasa a mi alrededor, me imagino invisible. Invisible, libre.

1 comentarios:

Genius dijo...

Juela que gran onda!

Cuando nadie me ve, puedo ser o no ser...♪