Imaginate gritar toda una vida y no ser escuchado. Vivir atrapado en un espacio confinado en el cual ninguna señal puede ser enviada al exterior, sin importar cuánto se desee. Con el cuerpo atrapado en una posición fija en un mismo lugar, no seamos capaz de escapar a observar más de lo que se encuentre frente a nosotros.


Claro, con esa figura en mente, ahora dejame explicarte cómo un hombre puede llegar a perder toda la iluminación en su vida. Mientras se encuentra en su estado de cautividad, muy probablemente comience a recordar todo lo que su vida ha sido hasta el momento en el cual fue puesto ahí. Quizá, después de gritar y llamar desesperadamente al mundo que le rodee, sin obtener respuesta alguna, comience a asumir que probablemente nunca va a regresar al mundo donde cree que pertenece. Tarde o temprano llegará a resignar su destino a vivir atrapado en tal lugar, sin ninguna escapatoria.

Si sus ojos vieran sombras y figuras frente a él, sonidos y palabras hacia él; el hombre las reconocería de su experiencia en el mundo donde ha vivido; sin embargo, es posible, que se adormezca a tales estímulos, y con el tiempo olvide el significado de la comunicación en su vida. Quizá el modo en el que se expone a sus recuerdos parciales sea como ver solamente la sombra de estos; quizá olvide el nombre de las cosas, y en un esfuerzo por afianzar aquellos recuerdos y sensaciones comience a equivocarse; buscar nombres totalmente nuevos e ideas parciales que le permitan mantener su salud mental. Esta es su nueva realidad.

Ahora, pensemos un poco en el momento en el cual este hombre es liberado. ¿No será una sensación extraña, el poder ser parte de un mundo de nuevo? Ser observado, reconocido y comprendido como soñó en alguna ocasión que sucedería, y poder ser capaz de vivirlo conforme a su realidad aprendida durante todo el tiempo confinado a su vida de cautiverio. Quizá descubra, al escucharse a sí mismo y a los demás, ese fuego que mueve las emociones y que nos hace decir lo que decimos. Este proceso, el cual no es tan radical como darle vuelta a una tortilla, ¿no será por tanto el paso del día de un hombre, el cual es peor que la noche misma, a un día verdadero en el ser, la ascensión desde el fondo, lo cual afirmamos ser la verdadera filosofía?

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