Al abrir los ojos aquella fría mañana, se sintió un poco más ligero de lo normal. El sol no había salido del todo. Se levantó y, como todas las mañanas, se puso su traje de hombre invisible. Tomó un pequeña bolsa negra, salió a la calle y, después de caminar varias cuadras, se quedó parado frente una banca en una desolada acera. Al poco rato pasó un autobus y se subió. Estaba lleno. Sacó algunas cosillas de la bolsa negra y las ofreció a los pasajeros por una pequeña cantidad de dinero. La gente siguió en su mundo, ni una mirada hacía él. Camino hasta el final del autobus y nada. Sintió, entonces, una enorme tristeza. De pronto despertó. De nuevo estaba en su cama y el sol no había salido del todo. Todo había sido un sueño. Entonces, se levantó. 
Curiosamente, se repitieron cada una de las situaciones de su sueño, de hecho, eran las mismas de todos los días, a excepción de la de ponerse el traje de hombre invisible.

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