La cosa es, dijo Aleyda, que esto es "plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo" es para personas que (1) tienen el nivel suficiente de pensamiento abstracto para pensar en la trascendencia y (2) siguen la trayectoria vital de ir a la escuela, a la universidad, tener trabajo de 8 a 5, casarse y posiblemente tener hijos. Yo, continuó Aleyda, cumplo con lo primero; y cumplo a medias con lo segundo, porque estaba siguiendo ese patrón hasta que me dí cuenta de que no quería seguirlo.

Pero Aleyda, sabiendo que no era ninguna persona que quedaría en los anales de la historia por su participación en el arte, la política, la ciencia o la criminalidad, se dispuso a buscar la trascendencia en versiones menos ortodoxas de esta sugerencia botánico-literaria-genealógica.

Tener un árbol
Lo compró en un vivero cuando era un arbusto. Y décadas más tarde, en su senilidad, disfrutaba ver a sus nietos trepando el ya frondoso árbol. Uno de ellos, Miguelito Riquelme, se cayó y se quebró un brazo. Aleyda también disfrutó esto, pero con un decente nivel de empatía y respeto por el dolor ajeno. Actualmente, sus tataranietos se regocijan los fines de semana bajo la sombra de este árbol, aunque a veces caen de él unos gusanitos negros y peludos que pican.

Plantar un libro
Escogió sus diez libros favoritos y los enterró en el patio de su casa, envueltos en bolsas de plástico y dentro de una caja de metal. Agregó una nota sobre quién era ella y por qué había seleccionado esos libros. Alguien encontrará el paquete, algún día. Ojalá aguanten las inclemencias subterráneas.

Escribir un hijo
Esta fue la tarea que probó ser la más ardua, porque ella no era escritora ni aspiraba a ser una; y es bien sabido que la concepción de otro ser humano implica más práxis que elaboración teórica. Pero se formó por años en el tema, y luego se sentó a la computadora a escribir el virus omnomnomnom, que se comía toda la información del disco duro. El virus, aunque se desplazó rápidamente por correo electrónico, resultó ser sólo una amenaza medianamente importante. Pero fue lo suficiente para quedar en archivos en línea de virus, worms, trojans, spyware, malware, para la posteridad. Lástima que ella nunca se dio a conocer como la autora.

3 comentarios:

Rocío dijo...

Monumental y de fibras delicadas, tipo Ligia. Nunca nos quedas a deber.

Soy Salvadoreño dijo...

Hubiera pensado que el virus mejor se llamaba JueEEe3e3eEEEEEe33e333e!!!

Me gusto mucho tu post!.

Genius dijo...

Increíble!!! cada vez algo nuevo que capacidad!!! un abrazo!!