No me acuerdo cuántos años tenía, sí que nos llevaron del colegio. De alguna forma lograron distribuir a los casi cincuenta alumnos en las no-sé-cuantas 'pruebas' que tenía el programa. Para variar, la distribución no fue justa y pusieron a 'niños grandes' a competir con pequeños. Así que bueno, vienen y ponen al pobre Gero a reventar vejigas con el trasero con otros dos niños que triplicaban su peso. El resultado: Niño-Gordo 1: 12, Niño-Gordo 2: 8 y Gero: 1 (!). En mi vida recuerdo vejigas tan duras... bueno, el concurso era un estupidez completa... Ok, todos los concursos eran un suerte de ridiculeces: ponerle la cola al burro, 'mimos y muecas'. 'Chibola o nada', 'el juego de las sillas' y otros menos memorables, ¿y todo por qué? Por una triste bolsita que, por mucho, traía algunas galletas, churros, un cepillo de dientes y otras tonteritas más. Y no digamos los payasos, de cerca perdían su encanto., con su odioso "Ya se va papito... ¡salú pue!".
Aún me acuerdo de mi compañero afortunado que se puso a llorar a media grabación. Y digo afortunado porque igual le dieron bolsita sin que tuviera que competir en nada.
Ahora, muchos años después, me doy cuenta de la influencia que tienen estos programas sobre uno. Cómo a veces competimos, sacando lo mejor de nosotros, perdiendo la pena, sin lógica alguna. Y todo por una triste bolsita. Quizás a veces convenga ponerse a llorar como hizo compañero...

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