Yo cuento entre mis haberes con un muerto feliz, que una vez al año se sube en un avión para, entre otras cosas, venir a tomar café conmigo. Cuando yo lo maté se fue a Australia y desde allá se manifestaba en e-mails y cartas con cierta frecuencia, nunca me dio chance de meterlo en una cajita para saber si su espíritu se asfixió o no. Era cruel. Más cruel fui yo, no debería quejarme.

Este muerto feliz tiene un aura ineludible, se aparecía en la universidad, en los libros, en las cajas de cereal, en los discos a tal punto que tuve que empezar a trabajar para no encerrarme en casa y verlo aparecer en los espejos. Sonaba el teléfono y se oía el eco de la llamada internacional, yo colgaba. El maldito optó por aparecerse en mi puerta un día en forma de su hermano -gemelo- para decirme "bicha ¿Qué ondas ahí?" con cierto acento australiano cuando decía I'm getting older. Era difícil encerrarlo, peor cuando su familia aún me invitaba a cenar en Navidad o aparecía su mamá en mi cumpleaños con tartas caseras de felicitación. Era Copperfield el muy bestia.

Cuando mis papaloteos ya habían escapado de su apellido raro y rondaban otros, tuvo a bien halarme del brazo en un concierto de Café Tacuba y obligarnos a hablar: aceptar que el odio había dado paso ya a la nostalgia feliz de encontrar mis cosas regadas en tu casa después de mudanzas transoceánicas fue un gran paso. Vino el acompañamiento con cafeína de nuestras comunes y adolescentes remembranzas, hasta que quien menos pensó sí se casó con él y tienen una hija. Su espíritu estaba vivo, era el mismo que me enseñó a jugar volleyball el que yo veía vestido de traje negro en una capillita en la primavera de Sydney. Fui inmensamente feliz de saberlo despierto.

Ayer regresé a mi casa hecha una sopa después de haber conocido a la hija de mi muerto favorito. Vos, sin embargo, de tu caja no vas a salir, incluso si eso me supone saberte envenenado ahí.

2 comentarios:

El mal ejemplo dijo...

"Para los espíritus cultos, un hombre que se va a Australia es un hombre que ha sufrido un desengaño de amor. Es una frase que tengo apuntada."
Enrique Jardiel Poncela, Amor se Escribe sin H.

XD

Genius dijo...

que bueno este!!! buenisimoooo!!!