En este punto de la historia, nuestra visión del mundo ya no es reconocida como "vasta y desconocida", y nos limitamos a pensar en términos de "infinito" y "finito". El primero es atacado por personas que parecen tener cierta predisposición romántica y proverbial hacia los retos de la vieja escuela, con la esperanza de encontrar algo nuevo y desconocido en el camino. La premisa es básica: si seguimos avanzando, en el camino vamos a descubrir algo que nunca antes hemos visto. Claro está que cada vez es más difícil encontrar algo nunca antes visto, y requiere tiempo y paciencia por montones.

Pero mi interés siempre ha estado dentro del universo consistente en el concepto del segundo término. Especialmente debido a que la gran mayoría de las personas se tiende a desanimar cuando se encuentran en un espacio donde todo parece ya haber sido descubierto, especialmente cuando se trata de nuestro Gobierno, la empresa, nuestra familia, el grupo de amigos que apenas soportamos o simplemente la colonia de ratas que viven en nuestros techos y tuberías. Esto ciertamente da lugar a la seguridad y la creación de orden, seguido a su vez por la monotonía y la insatisfacción. Y no los culpo, porque no es nada difícil caer en este estado una vez uno voltea y encuentra límites en cualquier dirección que veamos.

Es muy difícil hacer notar que algo tan obvio en nuestro análisis cotidiano sea resultado de uno de los adelantos intelectuales más grandes de nuestra era. La concepción de sistemas como complejos interactuantes (Por Bertalanffy, entre otros) ha elevado el nivel de análisis al punto en el que ahora nos encontramos. La idea es simple: meter nuestras preocupaciones en una caja cerrada, y verlas jugar entre sí hasta la exhaustividad --o hasta lograr comprenderlas. El juego se vuelve más complejo a medida que abrimos la caja y dejamos que más cosas entren para jugar con lo que ya estaba adentro, y no olviden que complejo no es necesariamente un buen sinónimo de bueno como lo es de complicado.

Una de las más interesantes propuestas en el análisis de los sistemas para la creación de nuevos interactuantes se encuentra en la idea de que la mejor solución a nuestro problema va a ser encontrada si logramos organizar lo que tenemos dentro de nuestra caja sin necesitar nada de afuera. Claro, siempre está la ridícula fantasía McGyveriana de quedar casualmente atrapados dentro de una caja que contiene todo lo que necesitamos. Utilizando este principio nuestros problemas son muy sencillos de plantear (solo necesitamos un bolígrafo oficial del Fantasma Escritor y una hoja de papel) pero realmente difíciles de resolver. Tanto como pensar en solucionar un golpe de estado sin intervención internacional, o un problema de delincuencia sin sacar al ejército a las calles.

Pero honestamente, ¿quién tiene tiempo para calcular todas las combinaciones posibles en momentos de verdadera emergencia?

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