La música me mueve, siempre lo he dicho. Y podría decir que siempre hay una canción para cada evento de nuestra vida, incluso para la muerte. Por eso, escribir esta entrada se me hace tan difícil. Son demasiadas canciones, de todos los tipos, para todos los gustos. Cosa extraña, siempre me he caracterizado por escuchar música rara, por lo general tranquila; con algún tipo de significado, eso si. Como soy de montaña, no hay cosa que disfrute más que tirarme bajo un árbol y, con los audífonos puestos, dejar que la música me lleve. Sólo entonces el tiempo de detiene y somos uno con el universo. Pero me detengo: cuando de hablar de música se trata agarro vuelo.
Existen, quizás para cada ser humano, ciertas canciones que nos tocan y que evocan recuerdos, malos o buenos, pero que mueven algo en nuestro interior, la más interna fibra, esa que une el alma, el corazón y un pedacito de cerebro. Eso es la primera de las canciones que voy a a presentar: "Mi unicornio azul".

De pequeño siempre dejaba escapar alguna lágrima al escucharla. Siento que habla de aquella cosa que tanto deseamos en nuestro interior pero que hemos dejado ir, aquello único que tenemos, bueno, teníamos. Quizás se la inocencia o un amigo o una época mejor, puede ser cualquier cosa.

La otra es una canción tan dedicable, tan perfecta, tan utópica. Sin embargo, te pone a pensar en cómo suceden las cosas, las coincidencias en las que no creo, o el destino, que quizás sólo sea un pretexto. De cualquier forma la canción te hace desear algo. Y eso es un buen inicio para cualquier cosa. Acá se las dejo, "Bendita tu luz".

1 comentarios:

iba pasando dijo...

onde está "bendita tu luz"?