Mi nick en todos lados es demasiado obvio como para que alguien se pregunte qué tipo de música voy a poner yo para el playlist. Sepa que ya no oigo a U2 todo el día. Tengo a U2 para cuando necesito que me hagan piojito, a Silvio, la Negra, los Guaraguau, Inti Illimani cuando necesito aterrizar. A Zeppelin y Queen cuando no quiero mantequilla ni canciones de amor, quiero roooock♫. A Los Ángeles Azules, Brindis, Sandro cuando ando de virga. A Jhosse Lora y Adrenalina para el orgullo patrio. A Sinergia y Les Luthiers cuando me quiero reír. Pero hay música para despegar los pies del piso.


Hay música para volar sin mota, sin LSD.
Aunque haya sido compuesta entre mota y LSD.
Los premios Pentagrama le traen:

1. David Bowie- Space Oddity


Podrá, si es usted fundamentalista, gustar más de la versión original y le entiendo, es más limpia y Bowie no parece la Chimoltrufia. Le recomiendo escuchar Space Oddity acostado en la grama, debajo de un árbol frondoso y con un cigarro [opcional]. David Bowie es amor, aunque la mayoría de gente lo haya dejado encerradito en el concepto Ziggy Stardust y sus topes con Mick Jagger. El sujeto es una gran GRAN cosa. Escuchar Space Oddity cuando uno es joven e impresionable lo aleja de los malos caminos, haga el experimento con su primito-hermanito-sobrinito emo más cercano. Ya en serio, esa canción abre los sentidos. Dele play y vuele.


2. Pink Floyd- Cymbaline


Aparte de sentir que Bono me escupe ["Edge, for a minute I heard that awful word in my head....progressive rock.....but only for a second"], tengo la impresión de estar haciendo una oda a 1969. Pero es que qué año más paloma, musicalmente hablando. Cymbaline es adquisición reciente, cortesía de don Víctor, quien consideró que mi ki era ya el adecuado como para conocer la verdad contenida en More, el disco que trae esta joya. Cymbaline es más de puertas cerradas, acostado en tu cama con los ojos apuñados. Es deliciosa la canción. Dele play y vuele.

*Gracias a Soda Stereo por prestarme el título de su "Plugged" para efectos dramáticos.

PD: El LSD me da miedo.

Forever For Her (Is Over For Me) - The White Stripes
I blew it. La primera vez que oí esta canción, acababa de cagarla y no me cansaba de hacerme mierda. Para mí se había terminado y para ella iba comenzando, de aquí al infinito. No sabía si dedicársela a él o a ella, pero a fin de cuentas, legalmente ya eran una sola carne y...mñé (Lemus, 2009), qué más da. Then I knew it: esta canción es para mí, para nadie más. Y es sobre todo lo contrario de hacer las cosas mal.




Insecto Urbano - Ska-P
Mi año de entrada al proletariado no hubiera sido lo mismo sin Insecto Urbano, y que viva El Vals del Obrero, hijosdesú. Amo esta canción porque me trae a la vida a las 6 am cuando tengo cara de almohada, y porque a las 6 pm me genera una expresión digna de un episodio maníaco, que contrasta con los ceños fruncidos de la ciudadanía atascada en tráfico. Y es que paso de todo, quiero vivir mi vida en paz, pasa de mí, soy un, ay, ay, ay, ay. Esta canción es la musicalización de algo que aprendí este año: ser libre.

La música ha estado conmigo siempre, como si de un buen amigo o amiga se trata, a veces no hay nadie, pero siempre hay una canción cerca.
Read my mind, es una de esas canciones que escuché una vez y me gustó tanto que la tuve que poner en "repetir". Desde entonces, a veces me sale en el "aleatorio" del reproductor de música, y siempre la escucho en el momento preciso, por eso es que me gusta.

"Oh well I don't mind, if you don't mind
'Cause I don't shine if you don't shine"




There is a light that never goes out, es una de esas canciones que me encanta por lo que significa, a quién no le pasó que un día simplemente -sentía que no tenía casa- se quería ir de casa y le pidió a un amigo salir a algún lado, días en los que pensábamos que nada importaba porque si estábamos con la persona que queremos todo estaba bien y no importaba lo demás. Luego pasa que crecemos, y todo comienza a tener un significado diferente, pero está canción me va a recordar esos momentos en los que en realidad no nos importaba nada.




"And if a double-decker bus
Crashes into us
To die by your side
Is such a heavenly way to die"

La música me mueve, siempre lo he dicho. Y podría decir que siempre hay una canción para cada evento de nuestra vida, incluso para la muerte. Por eso, escribir esta entrada se me hace tan difícil. Son demasiadas canciones, de todos los tipos, para todos los gustos. Cosa extraña, siempre me he caracterizado por escuchar música rara, por lo general tranquila; con algún tipo de significado, eso si. Como soy de montaña, no hay cosa que disfrute más que tirarme bajo un árbol y, con los audífonos puestos, dejar que la música me lleve. Sólo entonces el tiempo de detiene y somos uno con el universo. Pero me detengo: cuando de hablar de música se trata agarro vuelo.
Existen, quizás para cada ser humano, ciertas canciones que nos tocan y que evocan recuerdos, malos o buenos, pero que mueven algo en nuestro interior, la más interna fibra, esa que une el alma, el corazón y un pedacito de cerebro. Eso es la primera de las canciones que voy a a presentar: "Mi unicornio azul".

De pequeño siempre dejaba escapar alguna lágrima al escucharla. Siento que habla de aquella cosa que tanto deseamos en nuestro interior pero que hemos dejado ir, aquello único que tenemos, bueno, teníamos. Quizás se la inocencia o un amigo o una época mejor, puede ser cualquier cosa.

La otra es una canción tan dedicable, tan perfecta, tan utópica. Sin embargo, te pone a pensar en cómo suceden las cosas, las coincidencias en las que no creo, o el destino, que quizás sólo sea un pretexto. De cualquier forma la canción te hace desear algo. Y eso es un buen inicio para cualquier cosa. Acá se las dejo, "Bendita tu luz".

Son 85 GB para escoger. Suficiente para 6 semanas, 6 días y 23 horas. Si, un mes y medio sin repetir canciones (al menos en una misma versión, o de un mismo álbum). Y todavía va a crecer. Ayer por ejemplo añadí el Misplaced Childhood de la primera etapa de Marillion, y hoy no bajo nada porque no me va a quedar tiempo de postear/planchar/hacer el almuerzo de mañana/arreglar una base de datos del trabajo e irme a dormir antes de las 11, porque mañana hay que levantarse a las 4 de la mañana para irme a un cantón allá por no recuerdo donde. Bueno, si lo recuerdo, pero no viene al caso.

Como ya es tarde, les dejo las dos canciones, que no busqué en el disco duro si no en el músculo liso que se acelera cuando uno ama algo (♥). Ojalá hayan otros chances de dejar más porque dos me dan tos.

Lloro con ésta canción, The Great Gig In The Sky, el track 5 del Dark Side Of The Moon, de Pink Floyd:




[Y pueden ver acá el proceso de hacer todo ese disco, que bien podria postearlo completo: Parte 1, Parte 2, Parte 3, Parte 4, Parte 5]

La otra rola, que también me saca lágrimas:



Who Wants To Live Forever de Queen. Una de mis canciones-amores desde que vi el capítulo The Hunters de la serie "Highlander: El Inmortal" en que muere Darius, uno de los mejores amigos de Duncan, protagonista de la serie. En el video que posteo, Queen sale tocando con la Orquesta Filarmónica Nacional del Reino Unido y un coro de 40 niños que cantan en el video. Ah y pueden ver que usaron cuatrocientas candelas para hacer el video. En esta versión Brian May (compositor de la rola) canta la primera estrofa. En la película Highlander, que es para la que Queen compuso el soundtrack (el disco A Kind Of Magic), solo canta Freddie, ese genio.

Y ya, las dos rolas. Y amo wikipedia, que me ayuda a conocer mucho sobre la música que amo.

Victor

P.D.: Pongan esas dos canciones cuando me muera, ¿ok? Ya lo pedí por acá, y lo reafirmo.

Si tuviera que defenderme contra la piratería y la infracción a los derechos de autor, me enfocaría a hacerlo parecer un crimen pasional. Claro, ya saben: bajé 12,354 canciones para encontrar las dos canciones perfectas para enamorar al nuevo amor de mi vida de esta semana. ¿Qué sería del mundo si no existieran los mixtapes? Digo, estamos en el siglo 21, y habemos algunos que no sabemos escribir (los lectores de este apreciado blog sean testigos). Piratiar el nuevo disco de la Britni es el único modo en el que algunos nos damos a querer. ):

Fuera de formalidades, mi mixtape tendría solo dos canciones. Bueno, honestamente tendría algo así como 21, pero en CP solo me dejaron poner dos.

La primera es The Joker. Es un gran cover, y el vídeo es lo mejor que hay (you figure it out). Excelente para calmar la ira celotípica de cualquiera.

Fatboy Slim no necesita presentación. Quizá esté muy viejo y no sea lo suficientemente electrónico para ser un DJ de moda, pero este músico de Brighton tiene una gran experiencia tocando instrumentos musicales y creando excelentes mezclas, lo cual lo ha convertido en una estrella de la escena Big Beat de la década pasada.

La segunda la pongo no porque quiera enamorar a alguien con ella, es porque quiero que alguien me enamore comprándome este disco para Navidad. Lo intenté ehm... usar para un mixtape... pero el último track parece tener un "clic" en el primer segundo. El disco completo me es inservible por eso. Sí, yo sé que no creo en esa celebración estúpida, pero estoy dispuesto a lo que sea con tal que me den regalos este año. Incluso portarme bien.

Channel Two es una colaboración formada por dos productores en distintos países, uno de los cuales es miembro fundados de Black Eyed Peas (pero por suerte se fue después que Fergie llegó a arruinar a la banda).

Pues bueno escoger dos canciones que les transmita un poco quién soy yo, ha sido una tarea ardúa y dolorosa. Primero que nada porque yo adolezco de tener 40GB de música en mi computadora. Soy una compulsiva para todo. Y la música no se escapa.

No tengo un grupo favorito. Nunca fui grupi de nadie. Ni de Menudo. Nada. A lo mejor de Silvio -sí, me ponía con la casetera a darle "pause" para copiar las letras de los cassettes viejitos, y tenía las letras del necio en la parte de la pared que me correspondía del cuarto.

Y siempre he oído música. Desde los 8 años oyendo la Super Stéreo... y qué voy a hacer... sólo dos canciones. Desde The Killers hasta Charly García con Avril Lavigne, de Sabina a la Regina Spektor y Modest Mouse, pasando por Calle 13, Los Beatles, Fito Paez y Arcade Fire. (Por cierto hay un nuevo grupo -no es nuevo, pero es nuevo para mí- que me encanta: Halloween Alaska). Sólo dos. En serio llevo pensando dos semanas...

Dos y son:

1. Hormiga - Los cafres



Letra


Además de las obvias razones, pues verán que el 7 de noviembre se presentan en El Salvador... y es de una desazón del corazón no estar ahí. Sí, tengo mi lado reggae... Vayan y canten esta canción por mí...

"Soy una simple hormiga esquivando su planta del pie"

-Por supuesto.

Me manejo por instinto... por puro instinto


2. You never know - Dave Matthews Band

Letra


Tenía que poner a Dave Matthews Band. Si hay algo cercano a mi banda favorita son ellos y Snow Patrol. Pero poner "ants marching" era demasiado obvio. Escoger una sola canción de ellos me mató. Me costó. ¿Cuál es la que más veces me ha pegado? Dije "The Space Between"... o bien "#41" ... "Satellite"... No.. les tengo que dejar la que dice "Everyday should be a good day to die..." porque así es. Nunca sabés....

Me encanta esta parte:

Funny when you're small
the moon follows the car
there's no one but you see
hey, the moon is chasing me




Espero las disfruten y les recuerden a esta hormiga...

Sé que cuando viene a este espacio, viene buscando algo que leer que edifique, entretenga, le haga pensar o reflexionar o le haga pasar el tiempo de manera bonita.

Siento este día no cumplir con ninguna de esas expectativas y me disculpo ante ud., amable lector y ante el equipo de Campo Pagado.

Porque se suponía que hoy tenía que hablar de dos canciones que me gustan y explicar porque me gustan.

Pero, hoy estoy muerto. Vivo, si, porque puedo escribir, pero mi corazón está muerto. Ayer fue el peor día de mi vida. Lo único que amortiguo todas las sensaciones experimentadas fue estar junto a mi esposa y mi familia. Mi corazón y mi cerebro los siento muertos y vacios. Nunca pensé que pudiera sufrirse tanto.

A veces cuando escucho algunas canciones, recuerdo épocas de mi vida, y recuerdos muy vividos regresan a mi memoria, recuerdos que ni siquiera sabía que tenía. No se como recordare estos días de mi vida, pero seguro que no será con música.

¿Les gustan las canciones de amor? ¿las que hablan de un amor eterno e inextinguible? Si les gustan de ese tipo, recomiéndenme una. Por ahora, es lo que único que puedo escribir y pedir. Eso, y pedir perdón por ocupar esta tribuna de esta manera.

I.
En esta caja guardo el silencio de la corchea, las alegres arritmias y las heridas que se reabren cuando flexiono el músculo, unos bastones de caramelo y el caleidoscopio construido con retazos de mis visiones a futuro. Además, guardo en esta caja el apartado II.

III.
Uno de los mejores regalos de navidad que he recibido (en términos materiales): una caja que abrí que adentro tenía otra caja que abrí que adentro tenía otra caja que abrí que adentro tenía otra caja que abrí que adentro tenía la Caja de Pandora, de Aerosmith. Éxtasis y mutismo de un sólo golpe.

IV.
Esta es una caja con compartimentos, como un laberinto. Es una especie de caja de Skinner, plagada de reforzadores, castigos y comportamientos supersticiosos. Podría desarrollar neurosis pero mi resiliencia es grande y las condiciones no son del todo adversas. No hay choques eléctricos y con eso me conformo.
He aprendido mucho en esta caja. Mi lección más importante es que hay personas que no están hechas para pasar de 8 a 5 en una caja, y que hay un mundo de reforzamientos fuera de ella. Me voy de aquí.

Hay una caja donde guardás la nada de una tarde de septiembre, y al fondo, exactamente ahí donde acomodaste verticalmente la nostalgia, suena la voz melancólica de Ray Charles.

Las 15:58 son tan triste a veces, el día es demasiado gris, demasiado sombrío y la lluvia aún no se atreve a caernos encima, al parecer en este día nada se atreve a pasar, todo es tan parsimonioso y acongojado, todo es tan sofocante aquí adentro, como el silencio a veces y tan ansioso como cuando se espera el café de las cuatro de la tarde, o una copa de vino después de la cena. Escribiste.

Ahora no pasa nada en esa caja, ahora está cerrada porque así son los días que se detienen a las 15:58 de una tarde de septiembre. Porque las cajas sólo te sirven para eso, para detener el tiempo, para guardar palabras con tinta sospechosamente esparcida sobre el papel, para guardar las advertencias, los reclamos, para guardarme ahí, para sentirme guardada. Para eso las cajas.

Los que vivimos tirados en cajas solemos quejarnos con frecuencia. Bien por la monotonía del color del cielo y las paredes, la textura de la ausencia o el golpe seco cuando somos amontonados en los rincones de la memoria, bajo capas de miserias y felicidades hechas polvo que nunca pudimos limpiar.

Como libros de la universidad, olvidados porque la experiencia comprada usa el carton o el cuero de cuche como identificación, como cassettes obsoletos grabados con canciones que salían en la Super Estéreo y en la Mi Preferida, vivimos en el ostracismo de lo que fuimos hace años o hace un segundo.

Tarde o temprano todos nos volvemos material para la bodega, de la que usualmente se olvida la llave (excepto en casos de revisionistas del pasado, como yo), encajonamos a la mayoría en etiquetas más o menos desorganizadas con la esperanza de reconocerles alguna vez en el desvergue del presente. Pero habemos quienes tenemos esa vocación perenne de entrar con facilidad en la desmemoria, de ser material de olvido, de ser descartados al archivo con la premura de quien apresura el pie hasta el tope del acelerador para no quedar en el semáforo del Bulevard Tutunichapa y la 25 Av. Norte.

Nosotros, los que entramos en las cajas con la facilidad del "Ahí te llamo", "Después nos ponemos de acuerdo", tenemos las mas variadas formas, pero entramos con facilidad en una caja de fósforos con un dibujito de un carro Packard de principios del siglo pasado. Como rarezas, salimos a colación cuando toca que hacer inventario de equívocos, de chanzas; o cuando tenemos una utilidad especial, para ayudar a cerrar las goteras en plena lluvia o para contener inundaciones innombrables.

Ay, nosotros salimos y volvemos con facilidad al rincón, excepto en contados casos, donde formamos parte de aquello que tenés a mano, de aquello que importa. Y entonces relumbramos con esa virtud de las cosas que se llevan de mudanza en mudanza y se les busca un lugar aunque el espacio sea cada vez más reducido. Entonces nuestra facilidad de empequeñecernos nos permite acomodarnos, damos lustre incluso a los rincones más húmedos, y explotamos de cuando en cuando con carcajadas y abrazos, que se cultivan primorosamente encerrado en el rincón, en el olvido.

Victor

El lunes se abriría la caja de Pandora: los mareros iban a tomarse San Salvador. Por supuesto, tan importante noticia no podía pasar desapercibida y en cierto correo se podía leer, con lujo de detalles, cómo iba a desarrollarse la ofensiva pandillera.Todo arrancaría a las doce del medio día, irían por las calles y matarían a 5 capitalinos cada uno como parte de un "ritual de iniciación". Claro, si andaban de buenas lo más probable es que solamente asaltaran a la gente y alguno que otro golpe u ofensa, e intimidación lo del gasto. Conforme pasaran las horas, avanzarían por las calles de San Salvador, sembrando terror y pánico, hasta llegar a Casa Presidencial, donde detendrían al Presidente Funes debido a su negativa de dialogar con ellos. No cometerían el mismo error de Micheletti en Honduras: juzgarían al mandatario salvadoreño en el acto, sin exilio, sin perdón.
Más tarde se apoderarían de los buses, de las calles, de las colonias y barrios. Se tomarían San Salvador.
Así que, después de varios días, llegó el lunes. Mucha gente, advertida, evitó salir de sus casas, andar en buses, caminar por las calles. Algunas escuelas cerraron, y varios negocios también. Poco después, el reloj marcó las doce del medio día y no pasó nada. Sin embargo, la expectativa hizo crecer los nervios. Locura en las calles, locura en Sívar, locura que fue creciendo conforme pasaban las horas y, ya para las seis de la tarde, formó un caos. Rumores corrían de un lado para otro. Se oía de muertos, de robos, de todo... Trabazones, buses repletos, carros pitando, ambulancias sin heridos ni muertos, policías por todas partes, la gente desconfiaba hasta de su sombra. La caja de Pandora se estaba abierta, y lo que sucedería después sería de poca importancia si no tenía su dosis psicosis que, por cierto,  hacía las veces de esperanza.

En este punto de la historia, nuestra visión del mundo ya no es reconocida como "vasta y desconocida", y nos limitamos a pensar en términos de "infinito" y "finito". El primero es atacado por personas que parecen tener cierta predisposición romántica y proverbial hacia los retos de la vieja escuela, con la esperanza de encontrar algo nuevo y desconocido en el camino. La premisa es básica: si seguimos avanzando, en el camino vamos a descubrir algo que nunca antes hemos visto. Claro está que cada vez es más difícil encontrar algo nunca antes visto, y requiere tiempo y paciencia por montones.

Pero mi interés siempre ha estado dentro del universo consistente en el concepto del segundo término. Especialmente debido a que la gran mayoría de las personas se tiende a desanimar cuando se encuentran en un espacio donde todo parece ya haber sido descubierto, especialmente cuando se trata de nuestro Gobierno, la empresa, nuestra familia, el grupo de amigos que apenas soportamos o simplemente la colonia de ratas que viven en nuestros techos y tuberías. Esto ciertamente da lugar a la seguridad y la creación de orden, seguido a su vez por la monotonía y la insatisfacción. Y no los culpo, porque no es nada difícil caer en este estado una vez uno voltea y encuentra límites en cualquier dirección que veamos.

Es muy difícil hacer notar que algo tan obvio en nuestro análisis cotidiano sea resultado de uno de los adelantos intelectuales más grandes de nuestra era. La concepción de sistemas como complejos interactuantes (Por Bertalanffy, entre otros) ha elevado el nivel de análisis al punto en el que ahora nos encontramos. La idea es simple: meter nuestras preocupaciones en una caja cerrada, y verlas jugar entre sí hasta la exhaustividad --o hasta lograr comprenderlas. El juego se vuelve más complejo a medida que abrimos la caja y dejamos que más cosas entren para jugar con lo que ya estaba adentro, y no olviden que complejo no es necesariamente un buen sinónimo de bueno como lo es de complicado.

Una de las más interesantes propuestas en el análisis de los sistemas para la creación de nuevos interactuantes se encuentra en la idea de que la mejor solución a nuestro problema va a ser encontrada si logramos organizar lo que tenemos dentro de nuestra caja sin necesitar nada de afuera. Claro, siempre está la ridícula fantasía McGyveriana de quedar casualmente atrapados dentro de una caja que contiene todo lo que necesitamos. Utilizando este principio nuestros problemas son muy sencillos de plantear (solo necesitamos un bolígrafo oficial del Fantasma Escritor y una hoja de papel) pero realmente difíciles de resolver. Tanto como pensar en solucionar un golpe de estado sin intervención internacional, o un problema de delincuencia sin sacar al ejército a las calles.

Pero honestamente, ¿quién tiene tiempo para calcular todas las combinaciones posibles en momentos de verdadera emergencia?

Cuando creé a Martínez me dije que no cometería los mismos errores que con José. Así que por eso no le puse un primer nombre, ni eso. A José lo había encerrado en una esfera azul, con un poco de agua y luz. Además el oxígeno entraba libremente. Y no. No. Nadie me había dicho lo peligroso que es el oxígeno, así sin indicaciones. Por eso, Martínez está encerrado en un paralelepípedo. Claro, tiene tres días de pasar pegado en una esquina. En la oscuridad… Pobre Martínez. Pero, me sirve su pobreza, me hace sentir grande, debo aceptarlo.

He decidido ponerle una entradita de aire, le había hecho un par de agujeros. Hoy pienso que una ventanita sería mejor. Pero no sé… La luz… Con eso de la fotosíntesis, no sé qué podría pasar ¿Qué tal que se fotosintetizara todas mis oraciones y órdenes? No estoy todavía preparada para eso de la sublevación y la rebeldía. No, no después de José. Con ese aprendí. Así que Martínez sigue en el paralelepípedo (que no es más que un cajón, pero esa es una palabra elegante, que Martínez aprenderá a cabalidad). Sigue en la esquina. Y la verdad creo que es cómodo para él. Entiendo que el calor hace que busque el frío del piso y las paredes. Eso lo entiendo. Pero no entiendo por qué las lágrimas. Por eso no le doy la ventana.

Al otro lado de la ventana, no están (como sí lo están dentro del prisma-cajón) los zapatos verde celestes que cuestan la mitad de tu salario, ni la mitad del aguacate que me comí en la tarde (que tiene un color muy similar a los zapatos), ni mucho menos está el hacer reportes sobre datos que pueden ser no ciertos… Al otro lado de esa ventana que no le construyo a Martínez está José en su esfera, junto con Adriana (la que se suicidó a sus quince años hace tres días) y cerca está el señor que intentaron secuestrar la semana pasada y murió a dos cuadras de mi casa, luego de que los secuestradores por viajar a excesiva velocidad chocaran y él intentara salvar a su hijo, al que hubiera llevado por una pizza.

Veo a Martínez. Y no consigo cómo hacer una ventana que tenga luz y aire, que le seque esas lágrimas, pero que no le dé dolor de estómago (como el mío). A veces se me olvida que hay dolores hereditarios… Por el momento, le he hecho un agujerito extra y le he puesto un poco de comida. Martínez sí que será un personaje de provecho, espero.

(2005)





Este cuento se puede encontrar en "Menguantes y otra creaturas" de Ana Escoto -esa soy yo!-, libro publicado por la DPI en 2008.
Yo sé... qué mal por SPAM y la publicidad gratuita, pero la culpa la tiene la Virginia y sus temas díficiles que me incitan al reciclaje.

Yo cuento entre mis haberes con un muerto feliz, que una vez al año se sube en un avión para, entre otras cosas, venir a tomar café conmigo. Cuando yo lo maté se fue a Australia y desde allá se manifestaba en e-mails y cartas con cierta frecuencia, nunca me dio chance de meterlo en una cajita para saber si su espíritu se asfixió o no. Era cruel. Más cruel fui yo, no debería quejarme.

Este muerto feliz tiene un aura ineludible, se aparecía en la universidad, en los libros, en las cajas de cereal, en los discos a tal punto que tuve que empezar a trabajar para no encerrarme en casa y verlo aparecer en los espejos. Sonaba el teléfono y se oía el eco de la llamada internacional, yo colgaba. El maldito optó por aparecerse en mi puerta un día en forma de su hermano -gemelo- para decirme "bicha ¿Qué ondas ahí?" con cierto acento australiano cuando decía I'm getting older. Era difícil encerrarlo, peor cuando su familia aún me invitaba a cenar en Navidad o aparecía su mamá en mi cumpleaños con tartas caseras de felicitación. Era Copperfield el muy bestia.

Cuando mis papaloteos ya habían escapado de su apellido raro y rondaban otros, tuvo a bien halarme del brazo en un concierto de Café Tacuba y obligarnos a hablar: aceptar que el odio había dado paso ya a la nostalgia feliz de encontrar mis cosas regadas en tu casa después de mudanzas transoceánicas fue un gran paso. Vino el acompañamiento con cafeína de nuestras comunes y adolescentes remembranzas, hasta que quien menos pensó sí se casó con él y tienen una hija. Su espíritu estaba vivo, era el mismo que me enseñó a jugar volleyball el que yo veía vestido de traje negro en una capillita en la primavera de Sydney. Fui inmensamente feliz de saberlo despierto.

Ayer regresé a mi casa hecha una sopa después de haber conocido a la hija de mi muerto favorito. Vos, sin embargo, de tu caja no vas a salir, incluso si eso me supone saberte envenenado ahí.

Si uno le pregunta, él te dice que es culpa de la compa Rosaura: ella le explicó las horribles cosas que hicieron los españoles a los inditos. Si uno le pregunta más, él te dice que la culpa es también de Moncho, que en una toma se quedó con una revista de mujer y vio a una tipa, a una tal Marta Sánchez, en una playa de Ibiza. Y, según recordaba, Ibiza quedaba en España.


Todo esto le pregunto a Serapio en su cama de hospital. Él me lo cuenta todo entre risas, ignorando las llagas en su piel y la máscara que cubre mi cara. Él ignora, también, que afuera todavía no es octubre, pero él está demasiado débil como para levantarse de la cama. La última vez que vio la calle fue el 15 de marzo, cuando fue a votar. Recuerda un San Salvador rojo y eso le basta, dice. No le creo.

Dice Serapio que a él no le reventaba el enemigo, que siempre supo que eran igual de pipiles que nosotros mismos, que él veía los helicópteros y lloraba pensando en las inditas y su miedo cuando vieron a los primeros caballos. Él aprendió a leer en los tatús, se memorizó la cara de Cortéz y la de Pedro de Alvarado, soñando con el día de volverse polaco y salir a conseguir financiamiento para la causa, y de paso ir a cobrarse un par de las que nos hicieron. Esto llegaría, sí, pero al final del conflicto. Al aterrizar en Barajas cayó en cuenta que Cortéz y de Alvarado cargaban ya el polvo de siglos en sus tumbas y que poco podría hacer al respecto, excepto, cito "pisármelos a todos esos cheles cerotes".

Serapio, sin embargo, salió gustoso: él quería a las chelotas de Ibiza y Palma. Quería tronarlas a lo salvaje, a lo sucio, tratarlas como putas, desgarrarlas, si era posible. Tener coronas de metal, medir 1.58 y ser más prieto que la noche no lo iba a detener. Él no iba a tener la compasión que los criollos no tuvieron con las lonchas de Huasipungo, libro que leyó hasta que la cólera lo hizo machetear un palo de mango. Él se iba a vengar por todo lo que le hicieron a su continente de mariposas amarillas y olor a mandarina madura. Él se las iba a pisar a todas esas cheles putas. Se las iba a pisar en nombre de la América india. Se montó en un pick-up con un grupo de peruanos y de alguna manera llegó a Palma. "Hoy sí, hijas de puta, ya la cagaron", dijo cuando se bajó de la "lanchota grandota", según me cuenta.


Si le preguntás cómo hizo para que las rubias tetonas de 1.80 le hicieran caso, te dice "el campo te da labia". Esa labia pagó, cogió rubias, pelirrojas, morenas -eran las menos, por aquello de ser parecidas a nosotras- cuanto pudo: su trabajo en aquel hotel lo ayudó. Las encerraba, rompía ropas, sábanas y camas con demasiada frecuencia; hímenes, dos: una pelirroja de ojos verdes y una niña de colegio, en viaje con las monjas carmelitas. "Esos hijos de puta no respetaron a nuestras niñas ¿Por qué lo iba a hacer yo?" dice Serapio con cierta rabia, mientras escupe sangre en un baldecito Tacoplast.

Si todo iba tan bien y las españolas caían ¿Qué hacés acá, Serapio, hecho mierda en una cama de moribundo? Dice que la perdición fue una puta de Andalucía, literalmente puta, que lo dejó como vaca de pueblo. Los ojos le brillan al recordar la madrugada que le pidió que lo llevara a la Puerta de Alcalá a escupir y ella escupió con él [poco sabe Serapio que ella no escupía ni por Franco ni por la monarquía, sino por Francisco, el policía que la metió al negocio], poco antes de regresar a San Salvador, porque su nana estaba enferma. Por eso y porque Amelia -así se llamaba- se fue con todo su dinero cuando él la quiso sacar de la mala vida. Y Serapio regresó, adelgazó en verga hasta quedar en los huesos y de repente ya no pudo pararse. "Y me jodió la muy puta, sólo me consuela que se está pudriendo ella igual que yo. Gitana hijelagranputa". Dice eso y los ojos se le ponen tristes, se le nublan y les sale agua, pero él dice que es por las mariposas amarillas y el zapote sazón que recuerda del cantón, antes de que los españoles le jodieran la vida por quererles joder la vida a ellos por habernos jodido la vida hace quinientos años. Eso, o el humo maldito que echan las 101 cuando pasan frente al Rosales.

(Homenaje Mínimo a Guillermo Bonfil Batalla)

Yo no planteo una vuelta atrás para congelarnos en el pasado, sino que para avanzar tenemos que volver a tocar tierra, tenemos necesidad de afirmar los pies en la realidad y no en la falsedad de los proyectos que se han hecho. Pienso que sí, que eso implica dar algunos pasos atrás y que en estos momentos avanzamos mucho si lo hacemos.

Guillermo Bonfil Batalla.

El conde de Buffon afirma que en América los leones son calvos, pequeños y cobardes y el tapir un elefante de bolsillo; que allá se vuelven enanos los caballos, los cerdos y los perros y que los indios, fríos como serpientes, no tienen alma ni ardor ante la hembra. También Voltaire habla de leones y hombres lampiños, y el barón de Montesquieu explica que los pueblos viles nacen en las tierras calientes. El abate Guillaume Raynal se indigna porque en América las cordilleras van de norte a sur en vez de correr de este a oeste, como es debido, y su colega prusiano Corneille de Pauw retrata al indio americano cual bestia degenerada y floja. Según De Pauw, el clima de allá deja a los animales sin rabo y enclenques; las mujeres son tan feas que se confunden con los varones y no tiene sabor el azúcar ni olor el café.

Eduardo Galeano, Clavijero defiende a las tierras malditas, Memoria del fuego: Las caras y las máscaras


Debajo de las multiplicaciones
hay una gota de sangre de pato.
Debajo de las divisiones
hay una gota de sangre de marinero.
Debajo de las sumas, un río de sangre tierna;
un río que viene cantando
por los dormitorios de los arrabales,
y es plata, cemento o brisa
en el alba mentida de New York.

Lorca


Debajo de la América-Mundo-Feliz, de la América-miren-cómo-despunta-Chile, de la América-hay-que-pasar-una-aplanadora-desarrollista-sobre-esta-selva, debajo, corre otra América.*

Así, el problema histórico de nuestros pueblos (menudo problema) se asemeja a un candoroso y sangriento juego de arranca-cebolla colectivo: los obreros, los estudiantes, los campesinos, y toda suerte de pobresdiablos, jugamos a arrancar capa tras capa de esta América desdichada y blancuzca hasta ir renaciendo la América Profunda, a lo cual las Personas Importantes responden afianzando sus uñas con agentes policiales, empleados de FOVIAL, Testigos de Jehová, protección al consumidor, teletubbies, y panaderos reaccionarios.
Como se ve, hasta ahora ha sido un juego desequilibrado, de dados cargados: Ellos aferrados con plomo y enormes brazos hidráulico-mecánicos made in China, nosotros descascarando a fuerza de graffiti, literatura, y peladores caseros. Pero las enormes cárcavas metropolitanas de San Salvador son señales promisorias: la gran alianza América Profunda-Ingeniería Deficiente puede inclinar la balanza a nuestro favor. Cristiani's polishing the brass on the Titanic: it's all going down, man!

¿El camino de ladrillos amarillos lleva a la otra América? La otra América exige transformación; acompasar nuestro ritmo a la materia de los astros y los ciclos y la risa y la sangre. Desandar lo andado, volver la vista sobre Espejo Humeante, y Colibrí Izquierdo, y Pachamama. Porque sí, porque en América el único Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío, es uno extirpado con un antiguo pedernal azteca.

Otro horizonte civilizatorio.

Se llamaba América, era prietilla, no sabía leer ni escribir y nadie se acordaba cuántos años tenía. Vivía sola, con marimbita de bichitos, en una casita mísera en los confines del pueblo. Era delgadita, daba lástima. Quizás por eso la gente le daba trabajo: limpiaba casas, lavaba ajeno, cuidaba niños, cortaba café, sembraba, cosechaba, cocinaba. Trabajaba de sol a sol, le tocaba pesado. Sin embargo, al final le pagaban cualquier cosa. Y ella jamás protestó de lo poco que le daban. Como podía sobrevivía.
Nunca le conocieron marido, a pesar de que, casi siempre, pasaba preñada; y del montón de bichitos que tenía: unos con ojitos claros, otros narigudos y, los menos, prietillos igual a ella. Sin embargo, ella vivía enamorada de uno de sus patrones: un europeo alto que hacía años había llegado al pueblo vendiendo espejos. La América le limpiaba lo espejos una vez por semana, aunque a ella le hubiera gustado que fueran más veces, todos los días. El hombre le dio un espejito en una ocasión que que no tenía para pagarle para que lo vendiera. Ella no quiso dárselo a nadie, se lo quedó y pasaba buena parte del día viéndose en él. Y la gente se burlaba.
Un día el hombre le pidió que fuera a su casa para que le ayudara arreglar para una fiesta: iba a casarse. La América, que ya de por sí era de pocas palabras, se quedó muda. No fue a arreglar la casa como había quedado.
A los pocos días vieron a los niños vagando por todo el pueblo y fueron a buscarla a su casa. Al llegar, la puerta estaba cerrada. Tocaron y nadie abrio. Volvieron a tocar, nada. Tumbaron la puerta. Entraron y encontraron a la América: estaba tendida en el suelo, vestía de blanco, la mirada perdida en el techo, las venas abiertas y un fuerte olor a guayaba.

América, constante dolor de parto. Parto de sí misma, evolución constante, continente de la esperanza desde que fuera descubierta por quienes terminaron escribiendo la historia porque ganaron con el pulso de muerte, que invariablemente trajo otra vida que no se acaba.

América que se descubre a sí misma entre el aprehender su ayer en la prisa de llegar al mañana. América, linda tierra que se descascara. América que palpita, América que se siente viva tras el manto occidental con que le hemos cubierto. América, contradicción plena, vida que se pierde y vida que resiste terca a las garras tenues del olvido. América, mezcla, unicidad y diferencias, tierra donde se camina con el corazón mas allá de las imaginadas fronteras y uno aún se siente un poquito como en casa.

América, historia tan vieja y tan nueva, me dan ganas de salir corriendo y de darte un abrazo, tomarte la cabeza y decirte quedito así no es la cosa, nana, y enderezarte el camino. A vos si dan ganas de corregirte suavecito. Todo porque lo más lindo tuyo, mi América multicolor, multiforma, multiaroma, multitextura, es que si hay un lugar en el mundo donde la historia no se acaba aún, ahi donde aún es posible revertir la locura del mundo es en vos, tierra de amalgamas, donde desde siempre otro mundo fue posible.

Victor

* Quise llamarlo "Pensar en América oyendo el Alturas de Machu Picchu, genialidad musical que solo pudo salir de este pedazo de mundo" Pero muy largo. Me conformo con dejarles pegado el segundo track, para que se deleiten: 

[Parte 1]


[Parte 2]

Vivir en América es cuestión de fe, para los americanos.

Si camino al Norte, llegué al lugar correcto según ellos;

cuando estoy en el Sur, "una sola" es la palabra correcta;
y en el Este u Oeste, me preguntan: ¿Central America es Indiana?

Mientras tanto, estoy en un lugar que se cree Norte y Sur a la vez,

que respeta a todos cuando habla de americanos y americanos.
Claro, fuera del orgullo de muchos y la pena de otros,
este lugar es mi hogar: La única América que existe.

Pues yo digo que este continente se llama América por casualidad. Bien podría llamarse Escoto. Y yo ser la reina. Por ser descendiente -si es que el apellido sirve de algo. O no sé.

Podría llamarse Augusta. Pero se llama América.

¿Tendrá apellido?

América de Estados Unidos. Quizá.


Pero en serio, esta América bien podría ser Escocia. Porque quién sabe porque es América y no Colombia. Por Colón. Pero la entrada del domingo habla de eso. ¿Yo de qué hablo? De cómo Colón se llamaba realmente Pedro Scotto y como me gusta hablar de mí misma, pues podría ser mi Escocia.

Pero lo que más importa es que en América se encierra tanta historia, tanta gente y que a veces se piense que es sólo un país. Pinches gringos.

¿Cómo se habrá llamado América antes de ser "descubierta"? ¿Será que sabían los mexicas y los incas que compartían un mismo continente? ¿Les habrá importado nombrar a todas las cosas?

¿Qué habrán pensado los padres de mi ex-vecina para llamar a su hija América?


Y ahí está América.

Y no me dice nada. Y me dice mucho. Si se va de punta a punto hay un mundo de diferencia. Sí, muchos caben en América. Primero, tercero, cuarto. Como si no importa ya el espacio para establecer fronteras y mundos. No tengo nada en común con un gringo que vive en Oregón. No tengo nada que ver con un Argentino de la Patogonia. O quizás sí. Pero no lo veo.

Pero no lo veo. Por más que estoy en el centro de América. Por más globalización. Por más todo. Sólo veo un dibujito mental, ese del continente, ese mal dibujado donde El Salvador no logra verse. Ese continente grande pero chiquito, porque al final, uno tan atomizado ser salvadoreño, que no logra verse en un continente.

Salir del país, me ha dado la oportunidad de ver cómo funciona la gente de países grandes, con regiones. Un país donde hay que tomar un avión para ir a otro lado dentro del mismo país. Uno no logra verse en espacios grandes. Uno no logra verse unido entre tanto, me cuesta, ay hormiga, me cuesta.


Y resulta que es 12 de Octubre. El día en que empezó todo. O donde terminó todo. Y así es la historia, dentro del espacio estocástico de probabilidades de sucesos, la historia es una muestra de todo ese universo de posibilidades. Y verlo hacia atrás, hacia más de 500 años, hace pensar lo importante del revoloteo de una mariposa. Lo importante de un sólo evento para hacer la historia.

Y uno vive y respira, pensando nombrar todas las cosas, pensando conquistar todo. Porque si algo se nombra es mío, sólo mío. Afán ése que nos hace nombrar estrellas, personas, amores, mascotas, son míos, son míos decimos. Ponemos en nuestro cuaderno de prepa lo primero es el nombre: que sepan que es mío. Yo lo vi primero. Y quizás no es cierto.

Y ahí va América con un nombre. Ahí vamos los americanos. Y en este día nunca sé qué pensar. Más que es sólo un gran ejemplo de nuestra gran humanidad.

12 de Octubre de 1492. Rodrigo de Triana. Cristóbal Colón. Descubrimiento de una nueva ruta para Cipango.

Pero no. En realidad, casi 500 antes, cerca del año 1000, Leif Ericksson, un vikingo Islandes llega a la parte norte de America y es el primer Europeo en ver por primera vez esta tierra. Tierra que no era Cipango, sino un nuevo continente.

Y los “intelectuales” y “científicos” de los países Europeos, patrocinados y vigilados muy de cerca por la Iglesia, entre los que se incluye a Colón, de aquella época pensaban encontrar salvajes subhumanos que debían de ser domesticados para servir.

Pero no, encontraron sociedades agrarias, relativamente avanzadas, con pueblos con asentamientos definidos, con sistema de gobierno, con vías de transito y sistema de correos, con una casta de religiosos que jugaban a ser científicos que tenían sistemas numéricos, calendarios y otras deducciones científicas.

Y muchos de aquellos nativos se asombraron de ver gente de tez diferente, con vestidos y animales no conocidos y los confundieron con dioses bajados del cielo, y buscaron aliarse con ellos para derrotar a sus enemigos y establecer comercio con ellos.

Pero no. Los nuevos no eran dioses, sino mas bien gente avaricienta, malvada, agresiva, codiciosa y enferma. Y diezmaron, matando con armas sofisticadas o con tácticas avanzadas de guerra a aquellos pueblos, arrebantadoles sus riquezas y su cultura, violando y transmitiendo enfermedades desconocidas y sometiendo a la esclavitud mas vil a aquellos pueblos.

Pasaron los siglos y sociedades nuevas hechas de mestizos entre los europeos y los nativos se independizaron de Europa y se resolvieron ser soberanos de sus decisiones y destinos juntos como un solo pueblo.

Pero no. Hoy más que nunca, no somos independientes ni soberanos ni unidos. A lo largo de centurias, las clases “adelantadas” de cada país han obstaculizado los esfuerzos de unión para no perder su estatus, ni su poder. Vivimos a la orden de lo que ordenen los organismos financieros y las multinacionales, mientras que un solo país del continente adopta para su exclusividad el nombre del continente: AMERICA.

Pareciera que este es el continente de los espejismos. De las historias disfrazadas e incompletas, de la ocultación de la verdad a través de la ignorancia y el manipuleo. Manipuleo causado antes por la ignorancia y la falta de acceso a la información y ahora por la desinformación mediática.

Quizás lo único real de este continente sea su gente y su tierra, sus paisajes. Por eso, me gusta tanto la canción que un Europeo escribe para esta tierra de espejismos, que transcribo para cerrar este post:

[…]
América, América
me hueles a guayaba
a cordillera helada
a tierra verde
y lluvia tropical
me hueles a pradera
y a eterna primavera
me hueles a futuro y libertad

[…]
me hueles a emigrantes que se fueron
cantando una canción

me hueles a torrente y a quebrada
a sangre campesina derramada
para tu libertad

me hueles a mujer enamorada
querida siempre y siempre abandonada
soñando frente al mar...

La cosa es, dijo Aleyda, que esto es "plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo" es para personas que (1) tienen el nivel suficiente de pensamiento abstracto para pensar en la trascendencia y (2) siguen la trayectoria vital de ir a la escuela, a la universidad, tener trabajo de 8 a 5, casarse y posiblemente tener hijos. Yo, continuó Aleyda, cumplo con lo primero; y cumplo a medias con lo segundo, porque estaba siguiendo ese patrón hasta que me dí cuenta de que no quería seguirlo.

Pero Aleyda, sabiendo que no era ninguna persona que quedaría en los anales de la historia por su participación en el arte, la política, la ciencia o la criminalidad, se dispuso a buscar la trascendencia en versiones menos ortodoxas de esta sugerencia botánico-literaria-genealógica.

Tener un árbol
Lo compró en un vivero cuando era un arbusto. Y décadas más tarde, en su senilidad, disfrutaba ver a sus nietos trepando el ya frondoso árbol. Uno de ellos, Miguelito Riquelme, se cayó y se quebró un brazo. Aleyda también disfrutó esto, pero con un decente nivel de empatía y respeto por el dolor ajeno. Actualmente, sus tataranietos se regocijan los fines de semana bajo la sombra de este árbol, aunque a veces caen de él unos gusanitos negros y peludos que pican.

Plantar un libro
Escogió sus diez libros favoritos y los enterró en el patio de su casa, envueltos en bolsas de plástico y dentro de una caja de metal. Agregó una nota sobre quién era ella y por qué había seleccionado esos libros. Alguien encontrará el paquete, algún día. Ojalá aguanten las inclemencias subterráneas.

Escribir un hijo
Esta fue la tarea que probó ser la más ardua, porque ella no era escritora ni aspiraba a ser una; y es bien sabido que la concepción de otro ser humano implica más práxis que elaboración teórica. Pero se formó por años en el tema, y luego se sentó a la computadora a escribir el virus omnomnomnom, que se comía toda la información del disco duro. El virus, aunque se desplazó rápidamente por correo electrónico, resultó ser sólo una amenaza medianamente importante. Pero fue lo suficiente para quedar en archivos en línea de virus, worms, trojans, spyware, malware, para la posteridad. Lástima que ella nunca se dio a conocer como la autora.

Yo no sé lo que se tenga que hacer en una vida, no sé qué hago con la mía, no sé qué clase de legado voy a dejarle al mundo. Sin embargo, me pregunto qué haríamos sin aquellas personas que hicieron algo, qué haríamos sin las personas que decidieron escribir un libro, qué sería de nosotros sin aquellos que sintieron la impetuosa necesidad de un buen día sentarse a escribir, qué sería de nuestro país sin un Dalton, con qué palabras diríamos que "hace frío sin ti,/ pero se vive", y es sólo por poner un ejemplo. La importancia de un libro, de un buen libro, no es algo que deba tomarse a la ligera, porque ahí es donde se explica o se expresa el mundo. Escribir es reaccionar al mundo. No sé cual sea mi legado, no sé si escriba un libro, no sé cómo voy a terminar reaccionando al mundo, pero al menos espero no dejar esto peor de como se encuentra.

Un hombre, para ser completo, ha de plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro
 Se oye fácil, pero la cosa es más complicada. Más que objetivos, Martí se refería a modos de vida, a caminos. Detrás de cualquier libro escrito, de un hijo o de un árbol plantado, hay todo un proceso que nos lleva a a tener una vida más intensa:
Un libro, ¿qué se necesita para escribirlo? Vivir. La vida es la materia prima para cualquier libro, más aún, para cualquier cosa que creemos. Se necesita haber sufrido, haber llorado, haber reído... si no, las páginas se mantendrán en blanco, en silencio.
Un hijo. Creo que todos sabemos cómo tener un hijo (caso contrario, pregunte a su mamá y a su papá). Pero detrás pueden haber mil cosas, como el amor de una mujer, un beso, un caricia, un antojo... Y por delante hay más aún: su manita agarrada a nuestro dedo, los primeros pasos, las primeras caídas, las canas verdes, el sueño aquel, que sea lo que no pudimos ser nosotros. Tener un hijo es una forma de perpetuar nuestra existencia.
Un árbol. Representa la vida misma. Un proyecto que crece, que nos es propio. Cabral y Cortéz lo expresan mejor yo:

Limpia el revólver mohoso que le acaba de pasar Justino. Camina, como siempre hace, hacia la casa de la señora que les regala café. Ojala estuviese y pudieran jayanear un rato. La viejita es amable, fue vendedora de ropa en los mercados alguna vez, y así sacó adelante a sus hijos. Uno ya murió, afuera de un bar adonde esperaba a un amigo.

Douglas platica con la señora, la niña Dominga siempre tiene comentarios picantes y maneja exquisitamente el doble sentido con que se habla de manera libre entre hombres y mujeres que no se escudan en algún ritual de recato. Ella le cuenta de las travesuras de su nieto Jonathan, a quien debe ir a traer más tarde al kinder. Douglas piensa en su hijo por nacer, el primer varoncito luego de las dos hembritas. Su ojo izquierdo le llora, lo anda chagüitoso desde ayer que estuvo ayudando a serrar unos troncones a su mamá, cuenta. La niña Jacinta se parece a la niña Dominga, en lo desenvuelta, en lo amable. Solo que ella no va a traer a los niños a la escuela, le es demasiado cojear dos kilómetros yendo detrás de las niñas que ya se van solitas.

Douglas se ofrece a cortar esa rama que esta a poco de tocar el cable del teléfono. Ayer afiló el corvo, y pensaba en su hijo, en que iba a enseñarle a trabajar en el campo para que fuera un hombrecito completo, pero que se lo iba a traer a la capital en cuanto pudiera. Haber terminado el noveno grado al desmovilizarse era una ventaja, pero hacía falta el bachillerato, que su hijo iba a terminar, primero Dios. El no se veía estudiando a distancia, aunque tendría tiempo de sobra para leer en las madrugadas, porque los vecinos dejaban encendidas las luces de afuera y a mas de alguno de los muchachos a los que les tenia confianza le podía pedir ayuda con algo que no entendiera. Talvéz así ya no le tocaba estar guardando la calma de otros, reviviendo de cuando en cuando la culiyera de oir los disparos cerca, de hablar por el radio para pedir apoyo.

El almendro ya tiene 19 años. Lo sembró Gonzalo, el hijo mayor de Dominga, antes de irse a Estados Unidos animado por su compañero del taller de la Toyota, que le dijo que se fueran porque estando certificados iban a ganar más plata. La última vez que vino vendió el Volvo que había restaurado y mandó a recortar las ramas del almendro para que diera nuevo follaje. Dominga le recuerda a Douglas que tenga cuidado, que las ramas del almendro son engañosas. Replica con confianza, no es primera vez que le corta las ramas a un almendro, no es la primera rama que corta a ese almendro de la señora que les regala café y alguna otra cosa de comer cuando puede.

Douglas da un machetazo certero a la rama, dos golpes más y esta cae. Falta uno más. Salta una astilla que cae en el ojo chagüitoso. Le duele, pero no lo hace perder el control, se baja. Dominga le ayuda a sacarse el pedacito de astilla, no ha hecho daño, solo tiene el ojo rojo. Douglas camina hacia la caseta. Lleva el vaso de café dulce y un pedazo de marquesote. Piensa en sus niñas. Ve pasar al muchacho gordo que salía a fumar con él algunas madrugadas, para descansar de estar escribiendo su tesis, que era gorda como un libro. Lo saluda y le pide un consejo para lo del ojo. El muchacho le regala un colirio, y le cuenta que está trabajando con alguien que escribe un libro sobre la guerra y sus consecuencias, Douglas suspira y recuerda que le duele el ojo. Si  pudiera, hacía unos tres libros solo con sus historias, por las que le llora sin querer, ese ojo.

Cada segundo que avanza en mi vida me recuerda de todo lo que debería estar haciendo en lugar de postear ejercicios literarios. La vida parece tan corta, algunas veces, comparada con todas las cosas que nos gustaría hacer, y aunque alguna vez me hice una lista de cosas por hacer (a la cual le añadí posteriormente besar a niñas con y sin aparatos ortopédicos), casi todos los ítems están lejos de lograr algo importante. Y en serio me inquieta. La motivación más "suprema" de las personas parece estar en trascender a la inmortalidad, y el modo más viable de lograrlo consiste en dejar un legado para las futuras generaciones.


En tiempos antiguos, reproducirse y poblar la tierra pareció ser una misión noble para nuestros ancestros, cuyo sueño más importante parece haber consistido en ser los padres de naciones y culturas prósperas, con lo cual pudieran ser recordados por sus descendientes. No fue una misión fácil, pero tarde o temprano se logró. Más adelante, la misión noble de las personas visionarias consistió en crear obras para ser usadas como legado de la sabiduría de una vida, la cual sus hijos pudieran utilizar para guiar su vida. Así, se crearon los legados culturales. Por último, el sustento para las futuras generaciones parece ser un elemento perdurable dentro del legado, donde se garantice su vida y la existencia de recursos para crecer y prosperar. El árbol, las tierras, la empresa y todos esos "activos" forman parte de ese legado.


Claro, hoy en día esas cosas son una pérdida de tiempo. Parece perder la lógica tener hijos en un mundo donde parecen no caber; o escribir cuando existe tanta literatura que habla sobre los mil y un secretos del mundo. Gracias a la terrible economía en la que vivimos, no siempre es tan sencillo garantizar una vida digna de nuestros hijos, y mientras no encontremos la cura del cáncer o la panacea a los problemas del mundo, vamos a tener bastante problema para pensar en un buen legado. Mientras más crece el mundo en grandeza, parecería que nuestras aspiraciones se reducen a un hijo, un libro y un árbol. O bueno, eso es lo que solía ser en aquellos días, porque honestamente, en términos de la web 2.0, mi legado a las futuras generaciones se han reducido a lo siguiente: mis seguidores de Twitter, mi blog y mi cuenta de Adsense.


Porque eso es lo que la humanidad se merece.

Cuando uno se remonta a la época en que uno fue niño la cuenta de años parece larga, apesar de no superar ni el cuarto de siglo. Pero suena que realmente fue en el siglo pasado. No sé cómo estarán los árboles que planté cuando era niño.
Los árboles estaban a unos pasos de la casa del tipo que cuidaba el terreno que poco a poco se fue apropiando por completo de él, estaban cerca del río, siempre un enigmático río para un niño, nadie regresa dos veces al mismo río está claro, ahora el río tiene menos agua, menos chimbolos y yo tampoco soy el mismo, yo era de los niños que decía ser ecologista que más tarde decía que quería ser herpetólogo por Steve Irwin. Además una vez, como regalo de cumpleaños tuve una enciclopedia del Reino Animal que me divertía verla y leer más el tomo de los Mamíferos que el de los Celenterados obviamente. Así de ecológico era, lo suficientemente agradable para mencionarlo en una plática de adultos, para llorar con el programa del Discovery "Animales Extintos del Siglo XX", que aunque no tenía cable, apenas se veía por cosas que aún no entiendo. (Nótese que las nerdeces vienen desde chiquito aunque uno las niegue en la pubertad, tema o las disimule en la adolescencia y luego uno ya no puede ocultarlo).

Recuerdo haber escuchado el árbol hueco cerca del río que si le golpeaban podía escuchar un grito dentro de su corteza; no sé si fue mi imaginación pero tampoco juro haber escuchado ese grito. Si mal no recuerdo era un Cortéz Blanco; mi papá también contaba de haber puesto el oído para escuchar el sonido en aquellos tiempos, que es más creíble que andar contando eso en estos días más recientes.
Han pasado más de 15 o 17 años desde la última vez que los ví, muy probablemente ya no estén ahí: el Bálsamo que sembré, el Eucalipto y los otros que ya no recuerdo qué eran. Realmente me da mucha tristeza regresar y ver cómo ha cambiado el paisaje, cómo lo que antes era cafetal ahora son lotificaciones, comunidades con poco acceso a servicios básicos, llenos de gente que se sigue reproduciendo sin control, que consume recursos que cada vez son pocos. En fin, un paisaje desolador para árbol plantado en la década de los noventa.

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Pd. Bueno, el otro tema era escribir un libro. Tengo un libro terminado, estoy escribiendo dos y espero terminarlos en algún momento. Y quisiera escribir narrativa (mal de poeta).
No tengo hijos. Solamente.



No recuerdo cuando me pregunte por primera vez, para que estaba vivo, cual era la razón de mi existencia.

En cambio, si recuerdo la primera vez que vi el cuadro titulado “D'où venons-nous? / Qui sommes-nous? / Où allons-nous?” de Paul Gauguin. Lo recuerdo, porque me sorprendió que un artista que murió a principios del siglo pasado, expresara una pregunta de tal magnitud a través de su arte, de un cuadro. En realidad, creo que pocas veces, he discutido con alguien esa pregunta, de allí que el que un pintor la lanzara tan abiertamente me sorprendiera tanto.

Lo que parece nunca faltar, sin embargo, es la abundancia de “consejos” a los que van creciendo sobre lo que “deben” hacer con su vida. No digo que esos consejos sean malintencionados o innecesarios, sino que a veces he sentido que son obligados a ser tomados como mandamientos escritos en piedra. Dicen que Jose Martí (otros dicen que Ernest Hemingway) creó la frase: “Un hombre, para ser completo, ha de plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”. Independiente, de quien la haya creado, la frase en sí misma es un consejo sobre qué hacer con la vida, como alcanzar “la vida completa”. Como mucho de esos consejos que reciben los niños y adolecentes.

Lo curioso es que no me convence. Gauguin fue un pintor francés. Tuvo hijos, no escribió libros pero si pinto hermosas pinturas, y vivió una vida plena, como artista y como humano. Viajo, tuvo educación especializada, fue exitoso en los negocios, tuvo una familia grande, abandono esa familia, ese “estatus quo”, para seguir su carrera y sus sueños, vivió en lugares paradisiacos y sin embargo murió a los 54 años enfermo, solo, lleno de vicios que degradaron su vida y triste.

Sé que a la preguntas de Gauguin pueden darse respuestas sencillas (y hasta chistosas, como la Calvin de Bill Watterson) o hasta olvidarse de ellas, pero eso no las hace menos importantes y cruciales.

Sé también que no siempre los “consejos bienintencionados” son buenos o que resultaran ser ciertos o efectivos. ¿De veras es importante estudiar en la universidad y tener credenciales académicas, para tener éxito en la vida? ¿De verdad, tener inmensas cantidades de dinero colabora grandemente para que uno sea feliz? ¿Es casarse y ser papá decisivo para trascender en la vida? ¿Resulta la fama y el reconocimiento en que la vida de alguien sea mejor?

Perdonaran, consejeros, pero yo no lo creo así. Cuando tuve una respuesta satisfaciente a las preguntas de Gauguin, planee que cosas quería hacer en mi vida y que cosas no. Es probable que nunca llegue a ser famoso derivado de mi concepto de éxito en la vida, pero sé que el camino trazado me hará un hombre completo y feliz

Y si, si he sembrado un árbol que sigo cuidando, no soy padre, pero creo que más temprano que tarde lo seré, y no he escrito un libro, pero escribo en dos blogs. Y esas cosas, son parte del camino que sigo andando.

Comentario en este post sobre la aparición de Chirajito en un comercial.
(no puedo verificar que ese Carlos Sandoval sea realmente Pizarrín, pero el mensaje está enternecedor y suena honesto)

Lo que tengo que decir ya ha sido dicho con mucho más brillo por los marachitos y marachitas que escriben antes que yo. En semejantes circunstancias, prefiero, como dice la canción, "let the music do the talking", o para el caso, let Chirajito do the guácata. En una casa, en un país que no es El Salvador, hay una cinta de VHS que contiene un programa de Jardín Infantil de 1997 (porque mis sobrinitos participaron...pueden verse entre el público). Y un día que tuve acceso a esa ya-levemente-mascada cinta, me di a la tarea de guardar algunos segmentos en formato digital; "ve, chis...aunque la calidad sea sumamente cholera", sentencié intelectualmente.

Este programa tuvo un inusual impacto en mi generación, que sólo se nota en retrospectiva, porque en su momento verlo no era moda ni era cool; pero henos aquí, una manga de bloggers hablando sobre el programa, años y años después de que ha terminado. Y haciendo esa retrospectiva, sólo me queda pensar en estos maitritos con aprecio y gratitud. Eran mis cheros.

Estos videos contienen lo que vi cada domingo por la mañana, por muchos, muchos años, en mis mocedades. Ya viéndolo con ojos adultos...igual me río. Si hasta crítica social hacían. "¡Hola, mi rey!".

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Dentro de mi círculo social infantil, la idea de participar en un programa de talentos cual Salvatrucho Idol era una gran cosa. Por muchos años yo me sentí parte del grupo selecto... ya saben. Yo fui, y canté frente a la audiencia; la gente me vio, y todo eso. "Háganse a un lado, perros --yo fui, y canté en Jardín Infantil".

Grande mi sorpresa fue, después de algunos años, que por mucho que intente recordar los detalles de tal día, parecería más ser un evento en mi memoria nunca sucedió. Y mi mamá jura que yo nunca he ido. Así que me quedo con la duda, lo cual me lleva a la conclusión de que he vivido una vida de engaño. Respecto a esto, una de mis hipótesis concuerda con que en alguna ocasión, un amigo me contó sobre su experiencia en Jardín Infantil. Ya saben, lo usual: las niñas, el casting con "Los pollitos", el micrófono y los aplausos. ¿Y yo? Quién sabe. ¿Será que inconscientemente, al escuchar sobre el evento, haya proyectado mi experiencia en la de él? ¿Será que realmente me tomé mara mí su vida? ¿Seré un cleptómano en términos de experiencias vividas?

Hasta la fecha, podría ser que toda mi vida sea una mentira. Bueno, al menos la vivida hasta el año 2007, en el cual me hice mi cuenta de Facebook. De acuerdo a la evidencia recopilada, mi vida es tan aburrida, porque a nadie parece importarle si canté o no en  Jardín Infantil de niño. Así de pasajeras son estas malditas modas, hoy en día...

No me acuerdo cuántos años tenía, sí que nos llevaron del colegio. De alguna forma lograron distribuir a los casi cincuenta alumnos en las no-sé-cuantas 'pruebas' que tenía el programa. Para variar, la distribución no fue justa y pusieron a 'niños grandes' a competir con pequeños. Así que bueno, vienen y ponen al pobre Gero a reventar vejigas con el trasero con otros dos niños que triplicaban su peso. El resultado: Niño-Gordo 1: 12, Niño-Gordo 2: 8 y Gero: 1 (!). En mi vida recuerdo vejigas tan duras... bueno, el concurso era un estupidez completa... Ok, todos los concursos eran un suerte de ridiculeces: ponerle la cola al burro, 'mimos y muecas'. 'Chibola o nada', 'el juego de las sillas' y otros menos memorables, ¿y todo por qué? Por una triste bolsita que, por mucho, traía algunas galletas, churros, un cepillo de dientes y otras tonteritas más. Y no digamos los payasos, de cerca perdían su encanto., con su odioso "Ya se va papito... ¡salú pue!".
Aún me acuerdo de mi compañero afortunado que se puso a llorar a media grabación. Y digo afortunado porque igual le dieron bolsita sin que tuviera que competir en nada.
Ahora, muchos años después, me doy cuenta de la influencia que tienen estos programas sobre uno. Cómo a veces competimos, sacando lo mejor de nosotros, perdiendo la pena, sin lógica alguna. Y todo por una triste bolsita. Quizás a veces convenga ponerse a llorar como hizo compañero...