A I.V.,para volverla a rozar aun solo con mis palabras


Anoche hacía un silogismo en un cuaderno verde. Aparecía tu nombre, tu floral nombre, tu multicolor nombre, tu punzante nombre que recuerdo desde mis temerosos seis años. Aparecía bordado con mis feas puntadas de tinta azul junto a una flecha que apuntaba a Cortázar. Un click, un fuerte y delicioso click repetido en algunos momentos, nunca una lectura sostenida, nunca una plática que se extendiera tarde a tarde. Pequeños cortos vinieron a mi mente, desvelándome:


Yo, huyendo de los más grandes y vos rehuyendo del griterío general de esa casa convertida en colegio.
Vos y yo, tomados de la mano de camino a la escuelita con el mural de Pinocho.
Vos, recibiendo flores de un romántico de seis años.
Yo, buscando mi identidad de grupo con los vándalos que teníamos por vecinos.
Yo, jugando a ser malo esa vacación.
Vos, viendo de reojo mis adolescentes poses.
Yo, esbozando un atisbo de sonrisa.
Yo, pasando frente a tu casa apagando un cigarro con cuatro o cinco libros bajo el brazo cada viernes. 
Vos y yo, platicando, con la sensación dulce de lo que podíamos ser.
Vos, leyendo mis poemas, traduciendo mis garabatos y mis intenciones. 
Yo, queriendo encontrar un espacio en tu tiempo.
Vos, sorprendida de verme tomado de otra femenina mano.
Yo, diciéndote que deberíamos recuperar el tiempo que no invertimos en nosotros.
Vos y la sonrisa de tu familia, viéndome sentado a tu lado en la acera de tu casa.
Yo y las heridas que veías en mis ojos y que yo negaba.
Vos, intentando explicarme tu horario complicado.
Yo, viendo mi ausencia en tus fotos en internet, fotos de fechas en que pude y quise estar a tu lado.
Vos, como una sombra que pasaba frente a mi casa.
Vos, en otra foto, y un epígrafe de amor en ciernes.
Vos, en una foto con otro en otro desarrollado mundo.
Yo y mi incredulidad abriéndole paso a la miseria.

Pinches silogismos para buscar el sueño o la claridad de la memoria reconciliada. Tu nombre, ese que me puedo de memoria y que hoy se interrumpe con un apellido ajeno a nuestra lengua materna. Tu nombre y la mala suerte que construimos con desencuentros inintencionados. Tu nombre y la mala suerte de no haber trascendido los pasados a tiempo, de no haber seguido asistiendo a tu puerta. Tu nombre apuntando más que a Cortázar, al vacío de una página que iniciaba a ser llama.

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