Que no tuviera miedo me dijiste, pero siempre lo tuve, te tenía miedo a vos y a tu mirada inquisidora, a tu castigo, a tus palabras, a tu llegada. Ahora es mi cumpleaños número veintitrés y ya no le tengo miedo a las luces apagadas, duermo tranquilamente, camino por las calles de madrugada y no le tengo miedo a la ciudad, y mirá que aquí debería tenerle miedo a todo, y además no le tengo miedo a dios porque ya no creo en él y ahora tampoco tengo miedo de decirte estas cosas. Pero al final yo siempre he tenido miedo, miedo a no decir las cosas a tiempo, a hacerle daño a alguien, miedo a las noticias de mañana, miedo a no obtener mi licenciatura, a no tener una maestría y un doctorado, miedo a perder mi trabajo, miedo a no cumplir mis propias expectativas, miedo a no volar, a no ser yo, a eso si le tengo miedo, mucho miedo.

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